Llego un poco atrasado al bar The Way Station, en Crown Heights, preocupado de haberme perdido parte del concierto de E.W. Harris. Pero al entrar veo que hay un grupo de rock tocando en el escenario y E.W. no ha llegado todavía. En una esquina junto al bar, Niall está conversando con Ali, un amigo nuestro. Los saludo y Niall me dice de entrada: --Leonard Cohen acaba de fallecer--. Lo miro a los ojos. ¿Está un poco triste? Fue por las canciones líricas de Cohen que Niall pasó de escuchar Stone Temple Pilots y Nirvana al mundo de la canción folk y poética. Y no sólo quiso escuchar, sino que después de graduarse en literatura del University College en Cork, se jugó la vida a ser cantautor. Se inició en Irlanda y luego vino a Nueva York y hasta se casó con Clare, la musa de sus canciones.
Sé que Leonard Cohen significa mucho para Niall. Para expresarse, nos cuenta como su hermana Emma le presentó la música de Cohen, cuándo lo escuchó en vivo por primera vez en Irlanda, la vez que tocaron en el mismo festival aunque no se conocieron, y la última vez que lo escuchó en vivo, aquí en Brooklyn. En eso llega E.W. y nos saluda. Y cuando empieza a tocar con su banda, le dedica todo el set a piezas de Cohen, aunque con arreglos rockeros con toques de guitarra blues. Maravilla. Después del concierto, Niall y yo regresamos a pie de Crown Heights a Park Slope. Era media noche. Había poco movimiento nocturno en calles y aceras. El viento barría la hojarasca otoñal y la levantaba en remolinos. Parecía que Brooklyn hacía duelo por Leonard.
Me levanté tranquilo, desayuné, seleccioné mis lecturas y cuadernos de trabajo del día y salí. De nuevo el otoño nos regalaba una mañana esplendorosa, de cielos límpidos, brisas frescas y sol tibio. Caminé por calle 17 en dirección noroeste, hacia la escuela del barrio. De camino vi que las hiedras que trepan las fachadas de ladrillo de algunas casas ya visten un color más vino tinto que ocre y las hojitas de los cerezos se han tornado amarillas. El otoño avanza.
Llegué a la escuelita. En la sala de ingreso había varias mesas de ventas o bake sales: alumnas y alumnos con sus mamás aprovechaban el día de elecciones para vender quequitos, brownies y otros dulces horneados para recaudar fondos para los clubes estudiantiles. Adentro estaban las mesas y urnas electorales. Había fila. Hice los trámites y voté.
Salí, fui a la U, y me aboqué a lo mío: a leer los textos para las clases de mañana, sacar apuntes, resumir ideas, planear discusiones y revisar algunos trabajos de mis estudiantes. Uno de los textos que leí era "Newer Ideals of Peace" de Jane Addams, la filósofa estadounidense que ganó el Premio Nobel de la Paz en 1931. En el ensayo, de 1906, argumentaba que las masas de inmigrantes europeos que en aquella época llegaban a ciudades estadounidenses como Chicago, donde ella era activista social, estaban creando una cultura urbana y obrera cosmopolita que traería consigo nuevos valores de cooperación, solidaridad, justicial social y paz internacional y acabaría con el belicismo nacionalista. Ella percibía esa posibilidad en su contacto diario con inmigrantes en las escuelas, talleres, clínicas y casas de hospedaje que ella ayudaba a organizar.
Fue demasiado optimista en cuanto a la inmediatez del progreso. El siglo XX no fue pacífico y cosmopolita. Y sin embargo, sí comparto su idea de que la solidaridad, la paz, la cooperación, la justicia, se cultivan poco a poco, día a día, entre gente común que construye relaciones de buena vecindad y busca resolver sus problemas en común. El progreso es lento, complicado, arduo. Y puede haber retrocesos, incluso aparatosos. Pero las personas buscan la justicia, intentan descubrirla, experimentan con formas de cultivarla.
Ha sido una lectura oportuna. Hoy presté poca atención a las ansiedades electorales de mis vecinos y colegas. Lo mejor que podía hacer era preparame para servir: dar mis clases con cuidado, ofrecerle a mis alumnos la misma libertad de pensamiento que exijo para mí, ser buen vecino, escribir con sinceridad y ahínco.
Parece que se vienen años de resistencia en la Yunai. Habrá que apoyar movimientos sociales como los de cuidado y apoyo a los inmigrantes. Y habrá que resistir lo que requiera resistencia, como las amenazas a los musulmanes por su fe. Se resistirá la injusticia y se cultivará la justicia, día a día, conversación por conversación, acción por acción, con espíritu de resiliencia amorosa.
La orquesta se llama Cumbiagra. Supongo que si bailás sus cumbias a menudo, no necesitás Viagra. En todo caso, a la banda la conforman un grupo de latinoamericanos radicados en Brooklyn que arman bailongos alegres en todo lugar al que llevan su música. Los había escuchado tocar al menos una vez con Val, mi amiga brasileña, hace como un años. Bailamos mucho esa vez, así que la llamé para que me acompañara. Pero Val este semestre anda a ritmo neoyorquino, es decir, trabaja mucho, todos los días, y descansa poco. Estaba muerta. Yo me había pasado todo el hermoso sábado de otoño escribiendo un artículo y si no aprovechaba la deliciosa noche tibia, lo iba a lamentar. Así que me puse los "cachos" de bailar, ¡que son los mismos de caminar todo el día!, y fui a Barbès.
Cuando llegué, me alegré al ver que Sebastián, mi nuevo compa "paisa" y el líder de Yotoco, iba a tocar el acordeón con Cumbiagra. Además Néstor Gómez, el líder de Los cumpleaños, tocaría las congas. Saludé a Sebastián y listo: comenzó el concierto y todos a bailar. Esta noche sí había gente bailarina: de México, Colombia,
El Salvador, la Yunai, Japón y hasta una búlgara que agarraba los pasos de cada ritmo al
vuelo. La orquesta tocó sobre todo cumbias y vallenatos, pero también algún merenguito y unas cumbias tirando mucho, pero mucho, a salsa.
Mientras bailaba, a veces emparejado y otras en grupo, pensé un par de cosas. "¿Por qué me pasé tantos años sin salir solo a divertirme cuando llegué a Brooklyn? Siempre andaba con la mente y el corazón otros lados. ¡Qué rico es estar presente aquí, en esta pista de baile, con esta gente que busca alegría, y punto!" También: "Si yo fuera el agente de esta banda, la frase publicitaria sería: La Cumbiagra ni se toma, ni se fuma, ni se inyecta. ¡Se baila!". Animan tanto el baile que un montón de gente se quedó para bailar con el disc jockey después del concierto. Cuando me fui, ya bastante entrada la madrugada, aún quedaba un grupo muy alegre meneándose.
De camino a casa, repasando las piezas, pensé que pa' mí, la mejor, después de "Indocumentado" escrita por Sebastián, fue "Entre rejas," un vallenato de Lisandro Meza, canta'o por el conguero Néstor Gómez: Si has engañado a otros hombres De mí no te burlarás...
Lo cantó con tanto sabor mientras le daba a la conga, que superó al original, yo diría, dándole un toque más caribeño y un poco salsero. ¡Riiiiiico!
"La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!" Salí el viernes al atardecer rumbo a la piscina pensando en nadar, regresar a casa tranquilo, leer un rato y dormirme tempranito. Cuando entraba a la piscina, me llegó un mensaje de Clare: "¿Querés cenar o tomar algo?" Niall anda de gira en Chicago, Cal fue a una residencia de escritores en Ithaca y ella se quedó por acá. Le pedí tiempo para nadar mientras ella buscaba dónde cenar por el barrio. Nadé un kilómetro rapidito y con ganas, para sentir que entré al agua, me duché sin entrar al baño de vapor, me vestí y salí rapidito también y la llamé. Nos encontramos en el restaurante vietnamita del barrio, Hà Nôi. Mientras nos poníamos al día, compartimos pho de mariscos y curry de camarones. Estaban deliciosos.
En eso me llegó un texto de un nuevo compa colombiano, un paisa de Medellín. Me invitaba a una fiesta underground. Tocaban Yotoco y Los cumpleaños. "La dirección es 267 W______ Street." Le pregunté a Clare: - ¿Vamos a bailar? Las orquestas son buenísimas -. En realidad yo sólo había escuchado a Yotoco, pero había escuchado rumores de que Los cumpleaños era excelente. Clare me respondió que estaba cansada pero caminaría un trecho del camino conmigo.
Pero conversando y conversando llegamos a 267 W______. La puerta metálica, pintada de negro, decía "Garage" en letras pintadas en blanco. Pero había un trocito de cinta adhesiva al lado de un timbre que decía: "Yotoco y Los cumpleaños >>>>." Tocamos el timbre. Esperamos un rato. Nada. Tocamos de nuevo. Después de un par de minutos, 10 metros a nuestra derecha, un gringo hipster abrió una puerta y pregunta si veníamos a la fiesta. ¡Sí! Entramos al patio interior de un edificio de ladrillos con pinta de bodega industrial convertida en edificio de apartamentos. Y por una puertica entramos a un apartamento y pasamos por la sala y la cocina y bajamos dos escalones a una antigua cochera. Y en ésta nos encontramos con un espacio completamente acondicionado para eventos musicales, con tremendo equipo de sonido y recubrimiento en las puertas metálicas que dan a la calle para aislar el sonido. El piso era de cemento pulido y las paredes de ladrillo expuesto. Las vigas de madera del techo estaban expuestas también y de la central colgaban una bola de discoteca y un proyector de videos.
Yotoco ya estaba en acción y ya había gente bailando. Clare y yo nos sentamos una pieza pero rapidito me levanté y le dije que bailáramos. Yo creo que a ella le estaban picando los pies por bailar y por eso me acompañó, a ver de qué se trataba. La cuestión es que bailamos todas las cumbias, los merengues y las fusiones de ritmos que caracterizan a Yotoco. La gente estaba divirtiéndose también. Había un boricua bailando con una gringa como si fuera un concurso de payasada sensual y varias hipsters gringas improvisando pasos y movimientos y varias parejas de boricuas, dominicanos y paisas que bailaban muy bien. Clare tiene buen ritmo y rapidito agarraba los pasos. En un cumbia hasta le enseñé el brinquito del swing criollo tico y lo agarró al vuelo.
Cuando Yotoco terminó, le presenté a la cantante y al cantante y seguimos bailando con la música cubana y puertorriqueña seleccionada por el disk jockey. La gente iba y venía y el 267 se iba llenando de gente para el set de Los cumpleaños. Clare ya parecía latina bailando pero era hora de irse a casa. Estaba cansada. Le pregunté si quería que la acompañara pero dijo que no. Ella conoce bien el barrio. La acompañé a la salida, le dije que me mandara un texto cuando llegara a casa y regresé a la fiesta.
En eso empezaron a tocar Los cumpleaños y eran realmente buenísimos. Tocaban sobre todo salsa y ritmos cubanos. La gente se alegró con la percusión, las congas, el trombón y los teclados y el timbre de voz del conguero que era cálido y su acento bien caribeño. Por ahí, en media pista, vi a mi compa paisa y a sus compas, y de por si todo el mundo bailaba junto. A medio concierto, inflaron "bombas" (globos) multicolores con luces intermitentes adentro. Brillaban en la semioscuridad y los bailarines nos divertimos jugando a no dejarlos caer al suelo mientras nos meneábamos.
La hora y media se nos pasó volando. Cuando terminó el baile, todo el mundo sonreía, conversaba animado y se reía. Conversé con una compa de mi compa, una chilena que toca piano en grupos de salsa y bolero. Resultó que estudia composición en el conservatorio de mi college. Me despedí de ella y de mis compas y regresé a casa caminando despacio. Recorrer a pie de madrugada las calles de la ciudad me serena y me alegra a la vez, sobre todo si la noche me ha sorprendido. "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!"
Propongo un ejercicio. Quizá le interese a los
estudiantes de inglés, los románticos de la poesía, los soñadores
empedernidos, los desamparados existenciales, los heridos por el
desamor, los solitarios que buscan una voz compañera y los eternos
esperanzados contra toda esperanza.
Leamos y luego escuchemos juntos una sola estrofa de la canción Mr.Tambourine Man (Señor Panderetero) de Bob Dylan. Esta es la
segunda estrofa:
Si tenés tendencias formalistas, empezemos por apreciar la
métrica de los versos y sentir cómo nos lleva al ritmo, y por
escuchar los patrones de rima, consonancia y disonancia y cómo nos
llevan a la sonoridad. ¿Y te das cuenta de la simetría de la
composición?
Y ahora, a lo importante: el contenido vivencial, el meollo
existencial de la estrofa. ¿Ves la imagen? ¿Escuchás la voz
poética? ¿Te llega? ¿Ves al hombre que ha amanecido en la calle
pero no tiene sueño? Evening's empire...left me blindly here to stand but still not sleeping. ¿Y te preguntás quién es y
dónde está? ¿Es joven o viejo? ¿Está en un pueblo, una gran
ciudad, un caserío desolado? ¿Por qué está solo?
¿Y alguna vez has sentido tanta desazón, tanto cansancio de la
vida, tanto dolor, tanta soledad, que la única opción es verte
desde afuera y asombrarte de tu situación, porque sentirte desde
dentro duele demasiado? My weariness amazes me.
¿Entendés por qué no quiere regresar a casa, ni va para ningún
otro lugar porque nadie lo espera? ¿Sentís
la parálisis que él siente? I'm branded on my feet. I have no one to meet. ¿Alguna vez has sentido que hace más frío en tu
cama solitaria que en la calle, aunque sea invierno?
¿Y has buscado a alguien, una compañía,
aunque sea un panderetero, y lo único que encontrás es un tipo
solitario en una calle tan desierta que parece muerta, demasiado
lúgubre para soñar siquiera, y te das cuenta que sos vos mismo?The ancient empty
street's too dead for dreaming.
¿Y ahora querés seguir escuchando? ¿Querés saber que más nos
canta este poeta?
A las 9:25 pm estaba lavando los platos y trastos de cocina después de cenar y pensaba: "Es lunes. ¿Voy o no voy?" Restregaba con la esponja la grasa del sartén. "Ah, sia tonto mae, ni lo piense, vaya que después nadie le quita lo baila'o". ¡Voy! "La verdad es que cuando decidí regresar a Brooklyn me dije que iba a bailar mucho y escogí vivir en este barrio para estar cerca de Prospect Park y de la música en vivo en Barbès. Y ahora me voy a poner en pendejadas y decir, 'no bailo, aunque me guste la música de Yotoco, porque es lunes'. No señor, no jodás. A bailar". Solito me convencí. Y me fui a bailar y me la pasé purísima vida. Me moví a ritmo de cumbia, salsa, merengue y bolero. Confirmé que las clases de Merecumbé en Costa Rica valieron la pena porque fui el rey de la pista. Bueno, está bien, solo había gringos y gringas en la pista, no sé qué pasó con los latinos, y entonces estaba "comiendo jamón", pero no importa. Y sí había una pareja de haitianos y conversé con ellos y congeniamos. Se movían muy bien ellos, aunque no fueran sus ritmos. Y la banda toco una pieza, "Indocumentado". Me llegó la letra y después agarré coraje, me sobrepuse a mi timidez, y fui a conversar con Natalia y Sebastián, los líderes de Yotoco. Les dije que me gustaría citar algunos versos de la letra en Sauntering in America, que si podía escribirles para explicarles y pedirles permiso por los derechos de autor. Y les gustó la idea, conversamos más y ya me hice un par de amigos colombianos. Osea, "trabajé" y me la pasé bien y conocí gente.
Y este lunes de bailongo lo pagaré mañana (¡hoy!) martes, pero no me importa. ¡Qué linda es esta Vida!
Me encuentro con Tsun-Hui y dos amigas suyas, una coreana y otra taiwanesa, en el Centro Cultural Onassis, al costado de la Catedral de San Patricio. Hemos venido a escuchar un concierto de Banda Magda, uno de nuestros grupos neoyoquinos favoritos, en vivo, como parte del festival Antigone Now. Tsun-Hui y yo nos cruzamos con Magda Giannikou y su banda por casualidad el año pasado en el Rockwood Music Hall. Tocaban bossa novas con letra en francés que terminaban en samba, baladas en español, canciones folk griegas, y demás, todo con energía. Magda tocaba acordeón, cantaba, bailaba. Nos hicimos fans, casi groupies. Yo no sigo tanto a la banda en vivo por mis viajes, pero llevo sus dos álbumes en mi ipod, y Tsun-Hui ha escuchado ya varios conciertos desde aquella vez. El de esta noche es gratis y hay una recepción con vinos griegos. Brindamos, Tsun-Hui con un blanco, yo con un tinto. Esperando el concierto hay muchos ancianos, supongo que griegos, sentados en las sillas frente al escenario, y familias con niños que corretean y bastante gente joven. Hay mucha gente asiática, principalmente japoneses. Supongo que es porque dos miembros de la banda son japoneses. Y hay gente argentina, incluyendo varias chiquitas juguetonas, y supongo también que es porque dos miembros de la banda son argentinos. Magda, además, es griega pero habla y canta en español con acento rioplatense. Canta además en portugués, en francés, en italiano y por supuesto en griego. La banda toca música brasileña, colombiana, griega, italiana, en fin, es por todo esto que me parece una banda neoyorquina apropiada para una audicncia con tanta mezcla de edades y culturas. Cuando empieza el concierto me parece que la energía de Magda sorprende un poco a los viejitos. ¿Quizá esperaban un recital de piano clásico? Pero la percusión y el acordeón y la voz y el ritmo los pone a mecerse en sus sillas al ritmo de samba. Y luego la banda me sorprende con Vem Morena, una pieza de forró de Luiz Gonzaga. El coro dice: "Vem morena pros meus braços, vem morena, vem dançar" y me acuerdo de una morena que llevaba un flor amarilla en el cabello y bailó forró conmigo en una plaza del Recife antiguo. Banda Magda grabará la pieza de Gonzaga en su nuevo albúm, Tigre. ¡Bien! Luego tocan otro baião y a mí me pican los pies para bailar. Pero todo el mundo está muy quietecito. Ni modo. Bailo solito, disimulado, en mi campito. En los coros, Magda pide que la audiencia cante con ella, enseñándonos las notas. Descubro entonces que Tsun-Hui tiene una voz muy bonita y canta entonada. Es lo lindo de una buena amistad con una gran persona: nunca terminás de descubrirla. En fin, cantamos, bailamos un poquito, el tiempo vuela y el concierto nos resulta corto. Apenas se presente de nuevo, iremos a escuchar a Banda Magda. Ni modo, sí somos groupies.