martes, 22 de diciembre de 2015
Cumbiagra, Watanabe, la S y Yotoco
Como era el penúltimo fin de semana, había que gozarlo: sábado por la noche, bailando a ritmo de Cumbiagra en Barbés y haciendo brinquito de swing criollo tico con compañía brasileña; domingo escuchando taiko y composiciones contemporáneas del sensei Watanabe en ShapeShifter Lab, en las cercanías del tóxico canal Gowanus, con toques egipcios y compañía taiwanesa y japonesa, mientras en San José, de paso, la S le "arriaba" a la Liga, ay pero que domingo más sabroso; y lunes bailando en Barbés otra vez, pero con compañía bogotana y una negra de apellido Guinness a ritmo de Yotoco, que toca cumbia pero sin "biagra", y de paso me acordé de la piragua de Guillermo Cubillos, "era la piragua, era la piragua", y de que quiero conocer Nicaragua. Así las cosas, el fin de semana se acabó el martes por la madrugada. Pensándolo bien, la vida en Brooklyn es "tuanis".
jueves, 26 de noviembre de 2015
Gracias a la Vida
Gracias al Amor y a la Vida, que me han dado tanto, que me han dado familia y amigos en mi linda Costa Rica y amigos, amigas y amores de Nueva York a Tsukuba, de State College a Salamanca, de Nueva Orleans a Florencia, de San José a São Paulo, de Belo Horizonte al Callao, de Tokio a Lima, de Porto Velho a Caldas, de Salto a Oxford, de Montevideo a Vigo, de Curitiba a Buenos Aires, de Recife a Marilia, de Cork a Barcelona, y de vuelta a San José. Gracias a la Vida, que me dado tanto.
sábado, 14 de febrero de 2015
Chorinho y forró en un rincón de Brooklyn
El frío estaba cruel, con sensación térmica de -15 centígrados. Pero anoche era viernes de Carnaval y en Barbés había noche de chorinho y forró. Cada uno decidió llegar por su cuenta: una periodísta nica que, me contó, se va a devolver a su tierra pronto pero quiere aprovechar los meses que le quedan acá; una etnomusicóloga carioca que viene llegando para hacer su doctorado sobre el género musical del chorinho fuera del Brasil (¡qué manera de vivir investigando e investigar viviendo!); una periodista bostoniana de la revista New Yorker; otro periodista, freelancer californiano (¿de adónde salieron tantos periodistas de repente?); una exprofesora de inglés en Cuzco; y muchos más. Osea, todos en la pista eran tan cool que la Guiness que tomaba se me enfrío todavía más al acercarme a ellos. Yo conocía a mi paisa, pero a nadie más, y ninguno se conocía entre sí. Éramos gente buscando gente. Primero escuchamos el acordeón, la flauta, la pandereta, el cavaquinho, la mandolina y la guitarra de siete cuerdas del chorinho, y luego todos bailamos juntos, emparejados o sueltos, al ritmo de la banda de forró con su acordeón, percusión (triángulo y bombo) y cuerdas. A pesar del frío, generamos calor de Carnaval. Este sábado por la tarde, mientras veo nevar por la ventana, escucho algún chorinho y aún siento calorcito.
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