sábado, 24 de diciembre de 2016

Dulzura americana en el Magaly

Quise ver American Honey en el BAM Rose Cinema en Brooklyn, pero entre una cosa y otra no me dio tiempo de agarrarla en cartelera. Por dicha me la encontré en la cartelera del Magaly en San José. Casi me la pierdo de nuevo, por estar revisando ensayos e intentando terminar los quehaceres del semestre: me vine de Brooklyn y el trabajo se vino conmigo. Pero al final de la tarde del jueves decidí ir a la última función. Salí al atardecer, cuando las nubes ya se teñían de rosa y naranja al oeste, y caminé hasta el Magaly. El tránsito en San José está caótico, es mejor caminar de ser posible. Llegué, entré, subí al balcón y ya me dirigía a mi butaca de siempre cuando decidí cambiar de perspectiva. No sé por qué. Simplemente quise cambiar. Me senté en una butaca más céntrica, en tercera fila. La perspectiva me pareció inmejorable.

La cinta retrata la vida de Star, una adolescente pobre y sin opciones de estudio y de vida en Oklahoma. Un poco al azar se une a un grupo de jóvenes que viajan juntos por el corazón de la Yunai, the heartland, vendiendo subscripciones de revistas para sobrevivir. Viajan en una van, duermen en moteles, inventan cuentos y mentiras para venderle suscripciones de revistas a quienes no las necesitan. El filme muestra bien varios aspectos de la pobreza y la desesperanza en la Yunai, un país donde ser pobre es un fracaso y un estigma. La belleza de los paisajes rurales y agrestes, por ejemplo, contrasta con la miseria de las masas que viven vidas en silenciosa desesperación: lives of quiet desperation, según la frase de Thoreau. En este sentido, el título de la cinta y de la pieza principal de la banda sonora es irónico. Nada que ver la vida de Star con la que describe la letra de la canción. Pero American Honey también retrata los sueños escondidos y las ganas de vivir de Star y sus compas.

Me volvieron los deseos de hacer un viaje por carretera, un road trip, que ya me había provocado Captain Fantastic. Pero este viaje sería distinto: sería para acercarme a rincones rurales, abandonados de la Yunai. No querría hacerlo por el medio oeste, como la cinta, pues ya lo he recorrido un poco: Indiana, Michigan, Illinois, Nebraska, Kansas, Misuri. Quisiera ir a Nuevo México, Nevada y Arizona: para cambiar de perspectiva como lo hice al cambiar de butaca en el Magaly, un cine en el que he soñado bastante.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Bailando cumbia en Harlem

Quería terminar la semana bailando, así que llamé a Val, mi compa brasileña. Val es paulista pero lleva ritmo nuyorquino, con dos trabajos y muchos quehaceres, así que a veces nos cuesta vernos. Pero le pregunté: 

  - ¿Vamos a bailar?
  - Vamos. Hay un grupo colombiano de cumbia que quiero escuchar, Uribe. Creo que tocan esta noche. 

¡Que nadie me atrase! De una vez busqué la información. La Uribe Big Band tocaba en el Ginny's Supper Club en Harlem. Yo quería bailar y además hace mucho que no iba a Harlem, así que me picaban los pies. Nos pusimos de acuerdo para encontrarnos allí.

Agarré el tren F y cambié al A, el famoso A Train que te lleva a Harlem, como en la pieza de Duke Ellington y Ella Fitzgerald. Antitos de las 8 pm ya caminaba por la calle 125, el Dr. Martin Luther King Jr. Boulevard, tomándole el pulso al barrio. Por ahí se camina a otro ritmo, con otro compás, con cadencia propia del sitio. Pasé frente al Teatro Apollo, iluminado como siempre, y poquito después me encontré un rapero, aunque no muy bueno. Ya pronto estaba en la intersección del MLK con el Malcolm X Boulevard y allí mismo estaba el club, en el sótano del Red Rooster. 

La banda comenzó en punto y Val no había llegado de Queens. Se había perdido manejando con el GPS y había recalado en...!Brooklyn! Me llamó y le dije: -¡Val, es en el Malcolm X Boulevard de Harlem, no el de Brooklyn!-. "Pobre garota, se va a demorar en llegar", pensé.

Había mucha gente y poco espacio disponible, pero me acomodé con buena vista al escenario y desde la primera cumbia me empecé a mover al ritmo. A mi lado había un grupo de muchachas latinoamericanas, muy animadas, una venezolana entre varias colombianas. Justo a mi lado se ubicó una morenita, piel canela, cabello negro largo y ondulado, ojos negros. El resto de las chicas conversaban entre ellas, pero la morenita le prestaba mucha atención a la banda y bailaba discretamente. 

Yo estaba como Bruce Springsteen cuando canta en "Dancing in the Dark": "Come on baby, give me just one look! You can't start a fire without a spark". Pero nada. Ella bailando por su lado y yo por el mío.

En la última pieza del set, la gente cantaba a coro: "Vida enamorada".  Y los dos lo cantábamos. Yo sentí que me miraba de reojo. Quizá percibió una onda latina y una vibra alegre y tranquila, qué se yo. Así me sentía yo, en todo caso. Justo cuando terminó la pieza, nos volvimos a ver. Ella me sonrió, yo le sonreí y cuando le iba a hablar, sentí que me tocaban la espalda. ¡Era Val! La morenita se dio media vuelta y se puso a hablar con sus amigas. 

Y yo me alegré de ver a Val, pero no podía dejar de lamentar la ironía. Con lo que cuesta encontrar una mirada de esas en esta ciudad de solitarios ensimismados y ¡zás!, cuando la encontrás se desvanece en un momento. 

Pero me repuse. Quería bailar con Val, ese era el propósito del encuentro en Harlem. Y una mirada es algo fugaz pero una amistad es algo sólido. Así que en el segundo set nos soltamos y lo bailamos todo, cumbias, salsas y algún merenguito. Y para cerrar, "Ojalá que llueva café."

Y sí, ojalá que llueva café en el campo y en Harlem y en Brooklyn. Y que Val y yo bailemos mucho, muchas veces, y seamos muy amigos. Y que esa mirada de la morenita no se me borre de la memoria.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Brooklyn hace duelo por Leonard Cohen

Llego un poco atrasado al bar The Way Station, en Crown Heights, preocupado de haberme perdido parte del concierto de E.W. Harris. Pero al entrar veo que hay un grupo de rock tocando en el escenario y E.W. no ha llegado todavía. En una esquina junto al bar, Niall está conversando con Ali, un amigo nuestro. Los saludo y Niall me dice de entrada: --Leonard Cohen acaba de fallecer--. Lo miro a los ojos. ¿Está un poco triste? Fue por las canciones líricas de Cohen que Niall pasó de escuchar Stone Temple Pilots y Nirvana al mundo de la canción folk y poética. Y no sólo quiso escuchar, sino que después de graduarse en literatura del University College en Cork, se jugó la vida a ser cantautor. Se inició en Irlanda y luego vino a Nueva York y hasta se casó con Clare, la musa de sus canciones. 

Sé que Leonard Cohen significa mucho para Niall. Para expresarse, nos cuenta como su hermana Emma le presentó la música de Cohen, cuándo lo escuchó en vivo por primera vez en Irlanda, la vez que tocaron en el mismo festival aunque no se conocieron, y la última vez que lo escuchó en vivo, aquí en Brooklyn.

En eso llega E.W. y nos saluda. Y cuando empieza a tocar con su banda, le dedica todo el set a piezas de Cohen, aunque con arreglos rockeros con toques de guitarra blues. Maravilla.

Después del concierto, Niall y yo regresamos a pie de Crown Heights a Park Slope. Era media noche. Había poco movimiento nocturno en calles y aceras. El viento barría la hojarasca otoñal y la levantaba en remolinos. Parecía que Brooklyn hacía duelo por Leonard.




miércoles, 9 de noviembre de 2016

Un martes de resiliencia amorosa

Me levanté tranquilo, desayuné, seleccioné mis lecturas y cuadernos de trabajo del día y  salí. De nuevo el otoño nos regalaba una mañana esplendorosa, de cielos límpidos, brisas frescas y sol tibio. Caminé por calle 17 en dirección noroeste, hacia la escuela del barrio. De camino vi que las hiedras que trepan las fachadas de ladrillo de algunas casas ya visten un color más vino tinto que ocre y las hojitas de los cerezos se han tornado amarillas. El otoño avanza.

Llegué a la escuelita. En la sala de ingreso había varias mesas de ventas o bake sales: alumnas y alumnos con sus mamás aprovechaban el día de elecciones para vender quequitos, brownies y otros dulces horneados para recaudar fondos para los clubes estudiantiles. Adentro estaban las mesas y urnas electorales. Había fila. Hice los trámites y voté.

Salí, fui a la U, y me aboqué a lo mío: a leer los textos para las clases de mañana, sacar apuntes, resumir ideas, planear discusiones y revisar algunos trabajos de mis estudiantes. 

Uno de los textos que leí era "Newer Ideals of Peace" de Jane Addams, la filósofa estadounidense que ganó el Premio Nobel de la Paz en 1931. En  el ensayo, de 1906, argumentaba que las masas de inmigrantes europeos que en aquella época llegaban a ciudades estadounidenses como Chicago, donde ella era activista social, estaban creando una cultura urbana y obrera cosmopolita que traería consigo nuevos valores de cooperación, solidaridad, justicial social y paz internacional y acabaría con el belicismo nacionalista. Ella percibía esa posibilidad en su contacto diario con inmigrantes en las escuelas, talleres, clínicas y casas de hospedaje que ella ayudaba a organizar.

Fue demasiado optimista en cuanto a la inmediatez del progreso. El siglo XX no fue pacífico y cosmopolita. Y sin embargo, sí comparto su idea de que la solidaridad, la paz, la cooperación, la justicia, se cultivan poco a poco, día a día, entre gente común que construye relaciones de buena vecindad y busca resolver sus problemas en común. El progreso es lento, complicado, arduo. Y puede haber retrocesos, incluso aparatosos. Pero las personas buscan la justicia, intentan descubrirla, experimentan con formas de cultivarla.

Ha sido una lectura oportuna. Hoy presté poca atención a las ansiedades electorales de mis vecinos y colegas. Lo mejor que podía hacer era preparame para servir: dar mis clases con cuidado, ofrecerle a mis alumnos la misma libertad de pensamiento que exijo para mí, ser buen vecino, escribir con sinceridad y ahínco. 

Parece que se vienen años de resistencia en la Yunai. Habrá que apoyar movimientos sociales como los de cuidado y apoyo a los inmigrantes. Y habrá que resistir lo que requiera resistencia, como las amenazas a los musulmanes por su fe. Se resistirá la injusticia y se cultivará la justicia, día a día, conversación por conversación, acción por acción, con espíritu de resiliencia amorosa.

domingo, 30 de octubre de 2016

Otra bailadita en Barbès, con Cumbiagra

La orquesta se llama Cumbiagra. Supongo que si bailás sus cumbias a menudo, no necesitás Viagra. En todo caso, a la banda la conforman un grupo de latinoamericanos radicados en Brooklyn que arman bailongos alegres en todo lugar al que llevan su música. Los había escuchado tocar al menos una vez con Val, mi amiga brasileña, hace como un años. Bailamos mucho esa vez, así que la llamé para que me acompañara. Pero Val este semestre anda a ritmo neoyorquino, es decir, trabaja mucho, todos los días, y descansa poco. Estaba muerta. Yo me había pasado todo el hermoso sábado de otoño escribiendo un artículo y si no aprovechaba la deliciosa noche tibia, lo iba a lamentar. Así que me puse los "cachos" de bailar, ¡que son los mismos de caminar todo el día!, y fui a Barbès.

Cuando llegué, me alegré al ver que Sebastián, mi nuevo compa "paisa" y el líder de Yotoco, iba a tocar el acordeón con Cumbiagra. Además Néstor Gómez, el líder de Los cumpleaños, tocaría las congas. Saludé a Sebastián y listo: comenzó el concierto y todos a bailar. Esta noche sí había gente bailarina: de México, Colombia, El Salvador, la Yunai, Japón y hasta una búlgara que agarraba los pasos de cada ritmo al vuelo. La orquesta tocó sobre todo cumbias y vallenatos, pero también algún merenguito y unas cumbias tirando mucho, pero mucho, a salsa.  

Mientras bailaba, a veces emparejado y otras en grupo, pensé un par de cosas. "¿Por qué me pasé tantos años sin salir solo a divertirme cuando llegué a Brooklyn? Siempre andaba con la mente y el corazón otros lados. ¡Qué rico es estar presente aquí, en esta pista de baile, con esta gente que busca alegría, y punto!" También: "Si yo fuera el agente de esta banda, la frase publicitaria sería: La Cumbiagra ni se toma, ni se fuma, ni se inyecta. ¡Se baila!".

Animan tanto el baile que un montón de gente se quedó para bailar con el disc jockey después del concierto. Cuando me fui, ya bastante entrada la madrugada, aún quedaba un grupo muy alegre meneándose. 

De camino a casa, repasando las piezas, pensé que pa' mí, la mejor, después de "Indocumentado" escrita por Sebastián, fue "Entre rejas," un vallenato de Lisandro Meza, canta'o por el conguero Néstor Gómez:

     Si has engañado a otros hombres
     De mí no te burlarás...

Lo cantó con tanto sabor mientras le daba a la conga, que superó al original, yo diría, dándole un toque más caribeño y un poco salsero. ¡Riiiiiico!

domingo, 23 de octubre de 2016

Fiesta bailable en 267 Brooklyn

"La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!" Salí el viernes al atardecer rumbo a la piscina pensando en nadar, regresar a casa tranquilo, leer un rato y dormirme tempranito. Cuando entraba a la piscina, me llegó un mensaje de Clare: "¿Querés cenar o tomar algo?" Niall anda de gira en Chicago, Cal fue a una residencia de escritores en Ithaca y ella se quedó por acá. Le pedí tiempo para nadar mientras ella buscaba dónde cenar por el barrio. Nadé un kilómetro rapidito y con ganas, para sentir que entré al agua, me duché sin entrar al baño de vapor, me vestí y salí rapidito también y la llamé. Nos encontramos en el restaurante vietnamita del barrio, Hà Nôi. Mientras nos poníamos al día, compartimos pho de mariscos y curry de camarones. Estaban deliciosos. 

En eso me llegó un texto de un nuevo compa colombiano, un paisa de Medellín. Me invitaba a una fiesta underground. Tocaban Yotoco y Los cumpleaños. "La dirección es 267 W______ Street." Le pregunté a Clare: - ¿Vamos a bailar? Las orquestas son buenísimas -. En realidad yo sólo había escuchado a Yotoco, pero había escuchado rumores de que Los cumpleaños era excelente. Clare me respondió que estaba cansada pero caminaría un trecho del camino conmigo. 

Pero conversando y conversando llegamos a 267 W______. La puerta metálica, pintada de negro, decía "Garage" en letras pintadas en blanco. Pero había un trocito de cinta adhesiva al lado de un timbre que decía: "Yotoco y Los cumpleaños >>>>." Tocamos el timbre. Esperamos un rato. Nada. Tocamos de nuevo. Después de un par de minutos, 10 metros a nuestra derecha, un gringo hipster abrió una puerta y pregunta si veníamos a la fiesta. ¡Sí! Entramos al patio interior de un edificio de ladrillos con pinta de bodega industrial convertida en edificio de apartamentos. Y por una puertica entramos a un apartamento y pasamos por la sala y la cocina y bajamos dos escalones a una antigua cochera. Y en ésta nos encontramos con un espacio completamente acondicionado para eventos musicales, con tremendo equipo de sonido y recubrimiento en las puertas metálicas que dan a la calle para aislar el sonido. El piso era de cemento pulido y las paredes de ladrillo expuesto. Las vigas de madera del techo estaban expuestas también y de la central colgaban una bola de discoteca y un proyector de videos. 

Yotoco ya estaba en acción y ya había gente bailando. Clare y yo nos sentamos una pieza pero rapidito me levanté y le dije que bailáramos. Yo creo que a ella le estaban picando los pies por bailar y por eso me acompañó, a ver de qué se trataba. La cuestión es que bailamos todas las cumbias, los merengues y las fusiones de ritmos que caracterizan a Yotoco. La gente estaba divirtiéndose también. Había un boricua bailando con una gringa como si fuera un concurso de payasada sensual y varias hipsters gringas improvisando pasos y movimientos y varias parejas de boricuas, dominicanos y paisas que bailaban muy bien. Clare tiene buen ritmo y rapidito agarraba los pasos. En un cumbia hasta le enseñé el brinquito del swing criollo tico y lo agarró al vuelo. 

Cuando Yotoco terminó, le presenté a la cantante y al cantante y seguimos bailando con la música cubana y puertorriqueña seleccionada por el disk jockey. La gente iba y venía y el 267 se iba llenando de gente para el set de Los cumpleaños. Clare ya parecía latina bailando pero era hora de irse a casa. Estaba cansada. Le pregunté si quería que la acompañara pero dijo que no. Ella conoce bien el barrio. La acompañé a la salida, le dije que me mandara un texto cuando llegara a casa y regresé a la fiesta.

En eso empezaron a tocar Los cumpleaños y eran realmente buenísimos. Tocaban sobre todo salsa y ritmos cubanos. La gente se alegró con la percusión, las congas, el trombón y los teclados y el timbre de voz del conguero que era cálido y su acento bien caribeño. Por ahí, en media pista, vi a mi compa paisa y a sus compas, y de por si todo el mundo bailaba junto. A medio concierto, inflaron "bombas" (globos) multicolores con luces intermitentes adentro. Brillaban en la semioscuridad y los bailarines nos divertimos jugando a no dejarlos caer al suelo mientras nos meneábamos.

La hora y media se nos pasó volando. Cuando terminó el baile, todo el mundo sonreía, conversaba animado y se reía. Conversé con una compa de mi compa, una chilena que toca piano en grupos de salsa y bolero. Resultó que estudia composición en el conservatorio de mi college.

Me despedí de ella y de mis compas y regresé a casa caminando despacio. Recorrer a pie de madrugada las calles de la ciudad me serena y me alegra a la vez, sobre todo si la noche me ha sorprendido. "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!"

miércoles, 19 de octubre de 2016

Breve ejercicio para apreciar la lírica de Bob Dylan

Propongo un ejercicio. Quizá le interese a los estudiantes de inglés, los románticos de la poesía, los soñadores empedernidos, los desamparados existenciales, los heridos por el desamor, los solitarios que buscan una voz compañera y los eternos esperanzados contra toda esperanza. 

Leamos y luego escuchemos juntos una sola estrofa de la canción Mr.Tambourine Man (Señor Panderetero) de Bob Dylan. Esta es la segunda estrofa: 

    Though I know that evening's empire has returned into sand
    Vanished from my hand
    Left me blindly here to stand but still not sleeping
    My weariness amazes me, I'm branded on my feet
    I have no one to meet

    And the ancient empty street's too dead for dreaming 

Si tenés tendencias formalistas, empezemos por apreciar la métrica de los versos y sentir cómo nos lleva al ritmo, y por escuchar los patrones de rima, consonancia y disonancia y cómo nos llevan a la sonoridad. ¿Y te das cuenta de la simetría de la composición? 

Y ahora, a lo importante: el contenido vivencial, el meollo existencial de la estrofa. ¿Ves la imagen? ¿Escuchás la voz poética? ¿Te llega? ¿Ves al hombre que ha amanecido en la calle pero no tiene sueño? Evening's empire...left me blindly here to stand but still not sleeping. ¿Y te preguntás quién es y dónde está? ¿Es joven o viejo? ¿Está en un pueblo, una gran ciudad, un caserío desolado? ¿Por qué está solo?

¿Y alguna vez has sentido tanta desazón, tanto cansancio de la vida, tanto dolor, tanta soledad, que la única opción es verte desde afuera y asombrarte de tu situación, porque sentirte desde dentro duele demasiado? My weariness amazes me.

¿Entendés por qué no quiere regresar a casa, ni va para ningún otro lugar porque nadie lo espera? ¿Sentís la parálisis que él siente? I'm branded on my feet. I have no one to meet. ¿Alguna vez has sentido que hace más frío en tu cama solitaria que en la calle, aunque sea invierno?   

¿Y has buscado a alguien, una compañía, aunque sea un panderetero, y lo único que encontrás es un tipo solitario en una calle tan desierta que parece muerta, demasiado lúgubre para soñar siquiera, y te das cuenta que sos vos mismo? The ancient empty street's too dead for dreaming.

¿Y ahora querés seguir escuchando? ¿Querés saber que más nos canta este poeta?

 

martes, 18 de octubre de 2016

Una bailadita con Yotoco en Barbès

A las 9:25 pm estaba lavando los platos y trastos de cocina después de cenar y pensaba: "Es lunes. ¿Voy o no voy?" Restregaba con la esponja la grasa del sartén. "Ah, sia tonto mae, ni lo piense, vaya que después nadie le quita lo baila'o". ¡Voy! "La verdad es que cuando decidí regresar a Brooklyn me dije que iba a bailar mucho y escogí vivir en este barrio para estar cerca de Prospect Park y de la música en vivo en Barbès. Y ahora me voy a poner en pendejadas y decir, 'no bailo, aunque me guste la música de Yotoco, porque es lunes'. No señor, no jodás. A bailar".  Solito me convencí.

Y me fui a bailar y me la pasé purísima vida. Me moví a ritmo de cumbia, salsa, merengue y bolero. Confirmé que las clases de Merecumbé en Costa Rica valieron la pena porque fui el rey de la pista. Bueno, está bien, solo había gringos y gringas en la pista, no sé qué pasó con los latinos, y entonces estaba "comiendo jamón", pero no importa. Y sí había una pareja de haitianos y conversé con ellos y congeniamos. Se movían muy bien ellos, aunque no fueran sus ritmos. 

Y la banda toco una pieza, "Indocumentado". Me llegó la letra y después agarré coraje, me sobrepuse a mi timidez, y fui a conversar con Natalia y Sebastián, los líderes de Yotoco. Les dije que me gustaría citar algunos versos de la letra en Sauntering in America, que si podía escribirles para explicarles y pedirles permiso por los derechos de autor. Y les gustó la idea, conversamos más y ya me hice un par de amigos colombianos. Osea, "trabajé" y me la pasé bien y conocí gente.

Y este lunes de bailongo lo pagaré mañana (¡hoy!) martes, pero no me importa. ¡Qué linda es esta Vida!

domingo, 16 de octubre de 2016

Banda Magda en el Centro Cultural Onassis

Me encuentro con Tsun-Hui y dos amigas suyas, una coreana y otra taiwanesa, en el Centro Cultural Onassis, al costado de la Catedral de San Patricio. Hemos venido a escuchar un concierto de Banda Magda, uno de nuestros grupos neoyoquinos favoritos, en vivo, como parte del festival Antigone Now.

Tsun-Hui y yo nos cruzamos con Magda Giannikou y su banda por casualidad el año pasado en el Rockwood Music Hall. Tocaban bossa novas con letra en francés que terminaban en samba, baladas en español, canciones folk griegas, y demás, todo con energía. Magda tocaba acordeón, cantaba, bailaba. Nos hicimos fans, casi groupies. Yo no sigo tanto a la banda en vivo por mis viajes, pero llevo sus dos álbumes en mi ipod, y Tsun-Hui ha escuchado ya varios conciertos desde aquella vez. El de esta noche es gratis y hay una recepción con vinos griegos. Brindamos, Tsun-Hui con un blanco, yo con un tinto.

Esperando el concierto hay muchos ancianos, supongo que griegos, sentados en las sillas frente al escenario, y familias con niños que corretean y bastante gente joven. Hay mucha gente asiática, principalmente japoneses. Supongo que es porque dos miembros de la banda son japoneses. Y hay gente argentina, incluyendo varias chiquitas juguetonas, y supongo también que es porque dos miembros de la banda son argentinos. Magda, además, es griega pero habla y canta en español con acento rioplatense. Canta además en portugués, en francés, en italiano y por supuesto en griego. La banda toca música brasileña, colombiana, griega, italiana, en fin, es por todo esto que me parece una banda neoyorquina apropiada para una audicncia con tanta mezcla de edades y culturas.

Cuando empieza el concierto me parece que la energía de Magda sorprende un poco a los viejitos. ¿Quizá esperaban un recital de piano clásico? Pero la percusión y el acordeón y la voz y el ritmo los pone a mecerse en sus sillas al ritmo de samba. Y luego la banda me sorprende con Vem Morena, una pieza de forró de Luiz Gonzaga. El coro dice: "Vem morena pros meus braços, vem morena, vem dançar" y me acuerdo de una morena que llevaba un flor amarilla en el cabello y bailó forró conmigo en una plaza del Recife antiguo. Banda Magda grabará la pieza de Gonzaga en su nuevo albúm, Tigre. ¡Bien! Luego tocan otro baião y a mí me pican los pies para bailar. Pero todo el mundo está muy quietecito. Ni modo. Bailo solito, disimulado, en mi campito.

En los coros, Magda pide que la audiencia cante con ella, enseñándonos las notas. Descubro entonces que Tsun-Hui tiene una voz muy bonita y canta entonada. Es lo lindo de una buena amistad con una gran persona: nunca terminás de descubrirla.

En fin, cantamos, bailamos un poquito, el tiempo vuela y el concierto nos resulta corto. Apenas se presente de nuevo, iremos a escuchar a Banda Magda. Ni modo, sí somos groupies.

jueves, 13 de octubre de 2016

Hey, Dylan

Ahora que me acuerdo, en un capítulo del manuscrito de Sauntering in America, cito unos versos de una canción de Bob Dylan. Es un capítulo sobre road trips (viajes por carretera) exploratorios y experimentalistas en la Yunai. ¿Tendré que pagar más ahora por los derechos de autor para citarlo? Dylan, si me estás leyendo: Soy un pobre filósofo, ¡dejame citarte gratis!

Un café con Bob Dylan, otro con Niall Connolly y una birra

一
Me despierto, me levanto, me hago un café y me pongo a leer noticias. En primera plana leo que a Bob Dylan le han otorgado el Premio Nobel de Literatura. ¡Qué alegría! En Nueva York hay todo un movimiento de música folk, el BigCity Folk, que le debe mucho a la música de Dylan y a los géneros que ha influenciado. Toda esa música, de hermoso contenido lírico, ha hecho mi vida acá mucho más plena y gratificante. En las noches más solitarias, en medio de esta ciudad de 8 millones de corazones, me ha acompañado. También la he escuchado en las noches más felices y solidarias. Me alegro por Dylan y por todo el movimiento lírico-musical que representa. ¡Salud!

二
Por la tarde ya he pasado horas revisando el manuscrito de mi libro, Sauntering in America, cuyo subtítulo dylaniano bien podría ser Like a Rolling Stone. A la hora del café llamo a Niall por teléfono. Le digo: -¡Felicidades por el Premio Nobel! -. Él se ríe pero yo lo digo un poco en serio: ha sido un reconocimiento al máximo exponente de una tradición oral y lírica. Dylan la heredó de la canción popular folk estadounidense y la transformó para futuras generaciones de cantautores, no solo estadounidenses, sino internacionales, incluyendo a mi amigo irlandés, inmigrante a la Yunai. 

Le pregunto a Niall si tiene tiempo para un café. Me dice que sí. Salgo y subo y bajo la colina para llegar a su casa. Tomamos el café junto con Clare, aunque claro, a Dylan tendríamos que celebrarlo con una birra, pero ellos tienen una reunión y yo tengo que escribir más. Así que comentamos el Nobel con un yodo. Habrá puristas escandalizados, claro, porque no ven que en escribir y componer canciones de gran lirismo, sensibilidad humana y perspicacia filosófica hay un arte tan valioso como en escribir novela, cuento o teatro. La canción profunda, sentida, bien escrita, es una forma de poesía. Mi amigo, Niall, es un poeta. Dylan por supuesto lo es. 

-Ahora -, le pregunto a Niall, -¿quién es mejor poeta, Bob Dylan o Leonard Cohen? -. Le da risa y me responde lo que ya esperaba: -Cohen -. Yo también prefiero a Cohen como poeta. Pero me identifico más con la tradición musical de Dylan, quizá porque he vivido muchos años en la Yunai, y aunque sienta fuertes conflictos con el poder político gringo, he convivido con el pueblo sureño y norteño y he amado las tradiciones musicales y literarias de esta gente. Y Dylan con su música y lírica ha sido un rebelde contra el poder, como Thoreau y Lugones con su pluma, como Niall y Ol' Moose con su guitarra. ¡Salud!

三
Hay mucha gente que se siente decepcionada cuando se nombra el Nobel de Literatura. Algunos se indignan porque el ganador o la ganadora no lo merece tanto como su favorito. Otros rechazan tal o cual género. ¿Para qué? Alegrémonos o respetemos la alegría de los demás. Este año se escucha por aquí que debió ser Philip Roth y no Bob Dylan. ¿Pero por qué lamentarse? Lo poco que he leído de Roth me ha gustado, pero yo hoy he andado muy contento, como si todos los cantautores folk y su música, la que he escuchado todos estos años en Nueva York, hubiera ganado.

Repasando, he sentido alegría en 1990 con Octavio Paz, en 1993 con Toni Morrison y en el 2010 con Vargas Llosa. En 1982 era demasiado niño para alegrarme por García Márquez, pero uno se regocija por ese Nobel latinoamericano. Y en el 89 descubrí a Camilo José Cela, en el 91 a Nadine Gordimer, en el 95 a Seamus Heaney, en el 98 a José Saramago, en el 2002 a Imre Kértesz y en el 2013 a Alice Munro. Menciono a los que más me llegaron: todos motivo de alegría. 

Este año me alegro por Bob Dylan. El muchacho Robert Allen Zimmerman adoptó el apellido artístico Dylan en honor a Dylan Thomas, el poeta galés neo-romántico que yo leía con pasión en mis años de universitario. No estudié en el idioma de Cervantes sino en el de Shakespeare, Shelley, Keats, Thomas, Lowell y Bishop. Descubrir la literatura inglesa, escocesa, galesa, irlandesa, canadiense y estadounidense fue una aventura placentera y enriquecedora.  Luego hubo una época de crisis personal en que lamenté no haber estudiado en español. Pero ha pasado y hoy me alegro por mi relación íntima tanto con el español como con el inglés (y con el portugués: aunque no me sienta tan seguro en la lengua de Pessoa, Saramago, Meireles y Lispector, pasión por ella no me falta). Quizá parezca extraño, pero un reconocimiento a Dylan me llena tanto como uno a las mejores latinoamericanas, como si fuera posible dárselo hoy a Rosario Castellanos, por ejemplo. 

Es más, gente, ya me voy. Voy a poner música de Dylan y tomarme esa birra en su honor. ¡Salud!

domingo, 11 de septiembre de 2016

Música animista marroquí en la madrugada del 11-S

Salí en noche de sábado para escuchar joropo, música de los llanos venezolanos, en versión de Joropo Jam, con un amigo venezolano y una amiga peruana. Pero algo que me gusta de Brooklyn es que podés acabar la noche escuchando música marroquí con una amiga nicaragüense y otra puertorriqueña, sin esperártelo, mucho menos planearlo. En este caso, era música animista del sur de Marruecos interpretada por Innov Gnawa, cuyo propósito es inducir el trance. Y para recibir el 11-S te ves rodeado de gente asiática, africana, angloamericana, europea y latina que quiere quererse, no matarse, que quiere reírse y bailar junta, no tirarse bombas, que sabe que lo mismo duele un muerto en Iraq, Afganistán, Siria, Paquistán o Yemén que en París o Nueva York, que quiere amarse como la inmensa mayoría de la gente. Y no nos molesta que la música invoque a Alá, el mismo que todos los que hablamos español invocamos cuando decimos "ojalá" y "machalá", el mismo que otros llaman "Jehová" o "Dios" o "God". El que debería unirnos, no dividirnos, incluso a los que no pensamos en un "Él" ni en una "Persona" pero sí en el Amor y la Vida. Lo que nos importa a los que escuchamos la música es que todos somos gente, gente que nace sin bandera ni religión, gente que sin bandera, ni religión, ni cuenta bancaria, ni deudas, ni bienes, regresaremos a nuestro origen cuando pase nuestra vida, breve como hojita de zacate, tenue como hoja de aire.


sábado, 10 de septiembre de 2016

Sueños: ¿Temas pendientes de una vida peripatética?

He estado soñando mucho. O mejor dicho, he estado recordando mucho lo que he soñado. Creo que es porque acá, al norte del Trópico de Cáncer, la luz matinal se intensifica muy gradualmente y por ello mismo salgo del sueño poco a poco. O quizá sea simplemente porque he estado muy cansado y me cuesta despertarme de una vez. Me espabilo gradualmente. Sea como sea, sueño mucho con Costa Rica. 

Hace un par de madrugadas soñé que me topaba en el barrio con mi vecino Francis. Justo el sábado antes de venirme a Brooklyn, sacando el carro de mi hermana de nuestra cochera, no vi el carro de él mal estacionado en la calle y choqué. Apenas le dí un toque, pero el carro de Anto es como un tanque, y le arrugé el cajón al de Francis. Arreglamos el asunto tranquilos, quedando pendientes algunos trámites del seguro, pero yo me vine con la sensación de haber dejado asuntos sin resolver. Además, ese sábado iba sacando el carro para ir a la Feria Verde de Aranjuez. Me quedé sin ir a comer picadillo de arracache, comprar un instrumento artesanal de percusión que quería, tomar café Taza Amarilla, comer helado de paleta y ver a Jahel para despedirme.

Otro día soñé que desde la ventana de mi casa, no sé cuál ni adónde, veía un humedal de aguas cristalinas, rodeado de selva tropical, y con peces multicolores nadando en el agua. Llamaba a mis papás para que lo vieran, por lo que supuse que estaba en nuestra casa, o alguna otra casa, en Costa Rica. Pero ellos no venían y luego me di cuenta de que era porque no me salía la voz al llamarlos. Me desperté sin poder mostrarles lo que observaba.

Esta mañana soñé que estaba en una función de Panorama desde el puente en el Teatro de la Aduana. En julio y parte de agosto acompañé algunos ensayos y bastantes funciones del montaje de la CNT - Teatro Universitario dirigido por Tatiana de la Ossa. Pero a mediados de agosto me vine a Brooklyn y lamenté perderme las últimas funciones, sobre todo la última. Anto la vio y me contó que estuvo muy emotiva y el público aplaudió de pie. Y Moy me dijo que Tatiana le pidió a los actores que encontraran momentos para despedirse de los otros personajes y surgieron bellos detalles espontáneos.

En el sueño, yo estaba en medio escenario, pero no actuando sino viendo la obra como espectador, así no más, sin preocuparme si estaba estorbando a los actores o al público. Pero de repente Bea, el personaje, se ponía a conversar conmigo y sin mayor transición ya no estábamos en media obra sino que nos íbamos varios caminando del teatro a un restaurante, y Bea ya no era Bea sino Ana Clara, y Edi ya no era Edi, sino Antonio, y así. Pero llegábamos al restaurante y estaba lleno y ya no había mesas ni comida. Y me desperté.

El profeta Daniel interpretaba sueños. ¿Alguien que me interprete los míos?



lunes, 29 de agosto de 2016

Captain Fantastic en el cine BAM

Estoy muy lejos de mi querido cine Magaly en San José para ir a tanda de cuatro en este domingo caluroso. Pero en metro estoy cerca del BAM Rose Cinema, así que decido ir allí. Le pregunto a M, la chica bengalí, si quiere ir para "distraerse del despecho". Le da risa y se apunta. Dos solitarios juntos ya no somos solitarios. 

Escogemos Captain Fantastic pues Tsun-Hui me la había recomendado. No sabemos muy bien qué esperar, pues parece una comedia de aventura un poco excéntrica, pero nos encontramos con una joyita. Una pareja decide educar a sus hijos en los bosques y montañas (wilderness) del estado de Washington, alejándolos de la estereotípica vida consumista, capitalista y superficial gringa para criarlos de acuerdo con valores y principios de sobrevivencia y convivencia propios. Es una especie de experimento anarquista, pero sin pretensiones teóricas, sino más bien humanas y prácticas. Uno pensaría que se trata de un par de locos criando una camada de loquitos, pero en realidad se encuentra con una familia unida por el amor aunque estresada por las tribulaciones, conflictos y desafíos de cualquier núcleo familiar. La película es la historia de una enorme desventura y sus consecuencias trágicas y cómicas.

Viéndola, M y yo nos reímos, lloramos, nos esperanzamos, se nos rompe el corazón y se nos vuelve a recomponer. 

A mí me hace reencontrarme con un aspecto de la cultura americana (en el sentido continental, no nacionalista, del término) que ha calado profundamente en mi forma de ser y vivir: la tendencia americana a experimentar, a atreverte a ser como querés, a romper moldes, a desobedecer estructuras sociales, códigos culturales, convenciones, tradiciones. En un continente vasto, crisol de diversas culturas, podés encontrar espacios para experimentar, para ser como te nazca, para asociarte con quien escojás, sin tradiciones, ni jerarquías, ni aristocracias, ni castas que te aplasten. Podés respirar tranquilo sin tribalismos disfrazados de "nuestra milenaria cultura civilizada y civilizadora" que te asfixien. Ser americano, en este sentido cultural, es ser libre para ser como querés ser, como lo imaginés, como te atrevás. Te podés equivocar y podés pagarlo caro, como el Captain Fantastic, pero al menos viviste de acuerdo con tus propios principios.

El acceso a esos espacios geográficos o culturales no es universal ni democrático. Necesitás la benedicción de la Vida para que te dé libertad y oportunidades. Necesitás que la sociedad no te aplaste de nacimiento, que te deje al menos alguna opción para escojer la vida que querés.  

Tampoco es común que la gente escoja esos espacios, pues la mayoría no son americanos libres en ese sentido sino que siguen las convenciones. Los Walmarts, McDonalds y Apple Stores todos los días están llenos de clientes que nunca van a la biblioteca, el bosque, la montaña o la intimidad de su propia conciencia y su propio corazón para vivir de acuerdo con ellos. 

Pero mucho de bendición y algo de coraje, es posible acceder a esos espacios experimentales. Aferrarse a esa posibilidad experimentalista, no dejarla ir, atreverse a vivirla, es posible. Aunque tu experimento sea modesto e íntimo, de pequeña escala, sin heroísmos ni revoluciones, pero con la naturalidad y autenticidad de un Thoreau o un Martí. 

Me parece que esta muchacha bengalí, que la está pasando mal por querer vivir de forma coherente con sus propios sentimientos e ideales, que quiere ser una mujer conciente, libre y feliz, que está sufriendo y la presionan pero no se ha conformado ni rendido, va por esa senda.

Me puse filosófico. Todo por una película americana vista con una chica bengalí en un cine brooklyniano en una tarde de verano. 

sábado, 27 de agosto de 2016

Viajar de Brooklyn a Brasil con Ilana Volcov

Una de las claves para disfrutar una vida peripatética y no padecer de nostalgia crónica es "estar presente en el aquí, ahora, conmigo". Ahora estoy en Brooklyn. Mis amigos de Costa Rica quedaron allá por el momento, al igual que mi familia. Mis amigos de España, Brasil, Japón y demás lugares están en mi corazón pero no están en Brooklyn. Y en esta noche de viernes mis amigos de Brooklyn están todos fuera de la ciudad o ya tienen planes para disfrutar los últimos días del verano. Pero estoy aquí, ahora y conmigo. Entonces, tras un día de lectura del Banquete de Platón, estoy pleno de deseos, como el de disfrutar la noche.

Salgo de mi apartamento diez para las ocho. Atardece pero la temperatura aún ronda los 30 centígrados. Camino tranquilo, observando arreboles en dirección a la desembocadura del Hudson en el Atlántico. Veinte minutos después estoy en Barbès para escuchar a la cantante brasileña Ilana Volcov acompañada por el guitarrista João Luiz interpretando música popular brasileña. La voz es tan cálida, nítida y versátil, y la guitarra tan gentil y ágil, que pronto estoy viajando con la música por Río de Janeiro, Salvador de Bahía, São Paulo y Recife. Interpretan música de Dorival Caymmi, Paulinho da Viola y Edu Lobo, entre otros.

Me alegran especialmente tres canciones que no conocía. "Vatapá" de Dorival Caymmi, pues Ilana logra que la audiencia de brasileños, hispanoamericanos y gringos canten a coro el verso "um bocadinho mais".  "Recife, cidade lendária" de Capiba porque me transporta a las calles y puentes de aquella ciudad bella y deliciosa, ciudad de la infancia de Clarice, del frevo de carnaval y de mis bailes en la feria de domingo en la ciudad antigua. Y "Encontro" de Paulinho da Viola porque es la linda y sencilla historia del inicio de un amor contada por un sambista tímido pero romántico.

Escucho voz y guitarra y se me dibuja una sonrisa que no puedo contener. Estoy aquí, ahora, conmigo, y con toda esta gente, la que está en Barbès y la que está en mi corazón, disfrutando esta experiencia. 

 

jueves, 18 de agosto de 2016

Brindar con una Guinness en Harefield Road

Aterrizo de madrugada en el JFK. Ya no me da para viajar en tren a esas horas, entonces viajo con un taxista paquistaní hasta casa de Clare y Niall en Park Slope. Abro la puerta sigiloso con mis llaves pero no hay nadie. Descubro que Brooklyn ha estado como un baño sauna  y ellos se  han fugado a la playa en Far Rockaway, el barrio de la familia de Clare. Allá corre la brisa marina y el Atlántico alivia el calor que en la ciudad es insoportable. A pesar del calor y la humedad, pronto me duermo.

Cuando despierto a media mañana, Niall ya está en casa. Abrazo a mi amigo pelirrojo y barbudo. Ha perdido peso por la dieta y está bebiendo menos cerveza. Le regalo una bolsa de Triágulo de Oro y con este café desayunamos mientras nos ponemos al día. Pero no hay mucho tiempo, pues debo pasar el día buscando apartamento. El sino me trajo a Brooklyn otra vez. Mientras esté aquí, quiero disfrutarlo y estar a gusto. Así que salgo a la caza de apartamento, como mucha gente en agosto.

Ya por la noche estoy exhausto. Cualquier sótano, ático o clóset cuesta un ojo de la cara y algo más. Pero he visto una joyita, un milagro divino, en Windsor Terrace. Quizá logre alquilarlo pero por hoy no hay más que hacer. Así que me voy a escuchar a Niall cantar en un bar irlandés de Williamsburg. Esta noche el tren G corre normalmente, así que pronto estoy allí.

El bar Harefield Road, como la ciudad en agosto, está semivacío. Pero el barista, John, es buen tipo y conversa con los parroquianos. La mitad son irlandeses (de los de la República, no "irlandeses" gringos...) así que Beef or Salmon sería una buena pieza para el concierto de esta noche, me parece.

Le pido una Guinness a John y converso con los muchachos. Parece que un delegado olímpico irlandés estaba vendiendo entradas en el mercado negro en Río de Janeiro. Se mueren de la risa. 

Cuando Niall empieza a escuchar yo ya voy por la segunda Guinness. Mientras canta el muchacho de Cork pienso que, ya que estoy aquí de nuevo, un poco perplejo y dejándome llevar por la Vida, no voy a pasármela planeando para dónde me voy y cuándo. Voy a aprovechar lo bueno que tiene la vida acá, como las pintas de birra irlandesa y la buena música. ¡Salud! 





viernes, 1 de julio de 2016

"El malinche del rojo coral"


Ascendemos de la bajura puntarenense a la meseta central. Viajamos escuchando Voces Latinoamericanas del Ensamble J&A. Este cd es una joyita musical, producida en la Universidad Libre de Costa Rica, que llegó por dicha y gracia a nuestras manos. J es la guitarrista Jessica Valverde Montero y A es la flautista Andrea Zeledón Lépiz. Nos deleitan con una muestra de música paraguaya, tica, mexicana, nicaragüense, argentina y venezolana.



  A lo largo de la costanera de Lagunillas a Orotina y luego en el ascenso de Orotina a Atenas, hemos visto varios malinches en flor. Yo diría que sus vistosas flores son "llamaradas naranja". Pero, me he dado cuenta al escuchar mientras miro el paisaje que el autor Aníbal Reni es más preciso y poético.



 Justamente Voces Latinoamericanas incluye una interpretación de "Pampa", para mí la mejor oda a la bajura guanacasteca, un poquito al norte de la puntarenense, más llana y extensa que ésta. J&A, acompañadas en percusión por Oscar Rodríguez Zumbado, tocan su arreglo de la música de Jesús Bonilla Chavarría, mientras Adriana Rovira Murillo interpreta la letra de Reni. Canta la primera estrofa de la oda a la pampa:



  Sale el sol por la linda llanura

  bajo el cielo de limpio cristal;

  luce el bello amatista del roble

  y el malinche del rojo coral.



“Y el malinche del rojo coral”, repito en voz alta. ¡Qué belleza! No es naranja sino rojo coral.



  Nos gusta tanto esta interpretación de “Pampa” que la escuchamos varias veces. Conforme va quedando atrás la bajura, yo empiezo ya a extrañarla, aunque ame también a mi valle y sus montañas.

(Otra interpretación de "Pampa")

jueves, 21 de enero de 2016

Poemas y Musas del Atlántico

Aún no he ido a reencontrarme con nuestro Caribe, pero pronto lo haré. Que añorase el Pacífico no quiere decir que no apreciase el océano donde he vivido y sus mares. Atravesando el Atlántico, por ejemplo, se llega a Vigo y se encuentra la Amistad. Y en sus costas brasileñas mi poetisa, Cecília Meireles, habrá observado el ir y venir de las olas en la arena para escribir el poema "Pescaria" (Pesca). Una artista paulista ilustró el poema con un corto animado y lo compartió conmigo tiempo atrás. Así conocí la poesía de Cecília y el talento de Ana Lúcia. Placeres vos también me has regalado, mi querido Atlántico.