Me he encontrado con muchas orugas, en distintos ecosistemas, todo este año. Y me he preguntado: ¿Qué me quieren decir? ¿Qué significan como oráculo? O como me lo planteó una leona de montaña: ¿Qué simbolizan como tótem?
Como explico en este enlace, he concluido que son un símbolo de transformación. Ha llegado para mí el tiempo de trasladar mis apuntes, postales y esbozos de mi vida peripatética a un nuevo hogar para transformarlos y evolucionar.
Este blog ha sido durante más de cinco años, para mí, una forma de describir experiencias, reflexionar y conversar íntimamente con las poquitas personas que lo conocen y lo leen. De hecho, nació como una forma de expresar experiencias y compartir observaciones en una época de profunda soledad en Brooklyn.
Las muchachas de Ladama Project cerraban el domingo su gira de seis meses con un concierto en Union Pool. Las conocí en una fiesta en Brooklyn hace un año medio, escuchándolas tocar en vivo y luego bailando con ellas. Nos hicimos amigues. Y con mi corazón lleno de cariño he visto crecer a su banda y su proyecto social y educativo hasta llegar a culminar con éxito esta gira de su primer álbum, Ladama.Así que asistí al chivo sin falta.
Me encontré con la agradable sorpresa de que la cantante Ana Carmela Ramírez, acompañada por el cuatrista Jorge Glem, abrían con un recital de música folclórica venezolana. Carmela con sus interpretaciones nos llevó a pasear por toda Venezuela, de Maracaibo a Oriente y de los llanos a Caracas. Glem, extraordinario músico ganador del Grammy, la acompañaba con genialidad. Yo quedé alucinado de cuánta belleza podían crear juntos una voz, un cuatro y dos corazones enamorados de la música de su país. Pensé en mi Mar venezolana: cuánto le habría gustado ese recital. Mafer, mi amiga venezolana de Ladama, estaba conmovida al escuchar joropos, sirenas y más, como lo estábamos todos en la audiencia.
Luego fue el turno de Ladama. Lara en percusión, Daniela en tambor alegre, Mafer en la bandola y Sara en voz, guitarra eléctrica y percusión, acompañadas de su excelente bajista Pat, tocaron con más soltura, espontaneidad y alegría que nunca. Se nota que han crecido tanto en su arte y sienten tanta confianza en su capacidad grupal, que tocan cada vez con más libertad. Las variaciones vocales de Sara, los solos de Mafer, los juegos de llamada y respuesta en percusión entre Lara y Daniela y muchos detalles más le trajeron un inusitado frescor lúdico a las interpretaciones de cada uno de sus temas: desde Porro Maracatú hasta Cumbia Brasilera, pasando por Elo, Sin Ataduras y Night Traveler.
Como siempre, su fusión de géneros latinoamericanos me cautivó. Yo además de disfrutar la excelente música y bailar a gusto, me sentía alegre. La verdad es tenía el corazón lleno no sólo de cariño sino de amor por esas mujeres talentosas y su proyecto musical comprometido con la justicia social, el feminismo y el simple gozo de vivir.
Cuando terminó el concierto, todos en la audiencia les aplaudimos con entusiasmo y admiración sinceros. Era una delicia estar allí escuchándolas cerrar su gira en su casa, Brooklyn.
Yo me quedé en Union Pool conversando con ellas y luego les ayudé a guardar sus instrumentos y cargarlos en su carro. Me despedí con fuertes abrazos de cada una. Y regresé a casa feliz en el tren de medianoche y pico.
Escuché a Niall Connolly
tocar con su banda en el Rockwood Music Hall después de muchos meses.
Chris en guitarra eléctrica, Brandon en bajo, Lenny en percusión y Niall
en guitarra acústica y voz me infundieron ánimo vital con su rock
independiente. Me había costado recuperar mi nivel habitual de energía
después de un fuerte resfriado. Pero su música me revitalizó. Iniciaron
con "Sum of our Parts," pasaron por "Brooklyn Sky"
y cerraron con "Dream Your Way Out of This One". En medio, repasaron
repertorio seleccionado de los últimos cinco álbumes en estudio. Para
mí, fue un recorrido por nuestra amistad y por mi admiración musical que ya
lleva doce años y continuará. Soy un bendecido de la Vida y su ritmo,
melodía, armonía y poesía.
¡Hay momentos tan llenos de gozo en la vida! Anoche mis amigues de Yotoco hicieron la fiesta de lanzamiento de su segundo álbum, Brooklynense. Yo andaba cansado y sentía que se me venía un resfrío encima pero no quería faltar. Tenía ganas de festejar con mis amigues esa obra de arte tan rica y sabrosa pa' escuchar y bailar.
Además era el cumpleaños de Sebastián, el líder de la banda y mi buen amigo. Como dijo Nato, su compañera de grupo y de la vida, durante el concierto: "¡Estamos aquí para festejar el milagro que es Sebastián López!" ¡Salud!
Y para rematar, el álbum se titula Brooklynense pues la principal canción es "Cumbia brooklynense", inspirada en uno de los capítulos de mi libro, Loving Immigrants in America. Sebastián escribió la letra en respuesta a lo que escribí en el capítulo sobre el bailar con gente querida como una salida al laberinto de la soledad. Y todos los miembros de Yotoco compusieron la melodía y arreglaron la pieza juntos.
Cuando tocaron "Cumbia brooklynense" anoche, todos mis amigues me rodearon mientras bailábamos juntos. Me rodearon hasta los compas que conozco un poco menos, como el salvadoreño Maravilla y su esposa y cuñada mexicanas, Evelyn y Pamela, y nuevos amigos que hice anoche de México y Puerto Rico.
Sentí alegría por mis amigues de Yotoco, por toda la gente linda que los escuchaba y bailaba a su ritmo, y por mí.
Se enfrió Nuyork. Hora de calentar la pista bailando con Los Hacheros. Una ventaja de la vida peripatética es poder agarrar calle y camino cuando surge el momento. Así que p'al Verlaine en el Lower East Side me voy a bailar. ¡Azúcar!
Monté mi sala de cine en mi casita josefina. Estoy proyectando videos musicales y pensando en novelas para incluir en la lista de lectura para mi curso del otoño sobre el amor en la literatura. Como a menudo me sucede, se me ocurrió una buena idea de madrugada. Además de novelas puedo incluir cine. Total, el profe soy yo y a mis estudiantes siempre les gusta el buen cine. ¿Pero cuáles películas? Este video musical, para una canción de Cigarettes After Sex, me recordó la película Lost in Translation. ¿Quizá sea una buena opción? Creo que sí, aunque mucho de mi amor por esta película se debe al recuerdo de mi primer viernes en Tokio. Seguiré pensando. Tengo que decidir antes del jueves para dejar el plan del curso listo antes de irme a Islas Murciélago. Pero qué rico trabajar así de madrugada.