Este fin de semana se cumplen tres años desde que empecé a escribir mis Apuntes y postales. Empecé, en aquel momento de soledad y aislamiento, como un acto de búsqueda, como una tentativa de escapar al laberinto de la soledad. Por un lado, quería observar más atentamente a los millones de personas que me rodeaban en Brooklyn. Por otro, intentaba conversar, contar, describir, expresar lo que veía. Inicialmente escribía solamente lo que veía en el mundo exterior a mi ser. Poco a poco fui mostrando también pedacitos, atisbos, de mi vida interior. Desde entonces, estos Apuntes y postales han sido bitácora, poemario, revista de crónicas, cuaderno de críticas culturales y hasta foro de despechos.
Empecé a escribir sin que nadie lo supiera. De vez en cuando, le contaba a alguna persona. Para mi sorpresa, he tenido lectores. Poquitos y poquitas, pero fieles.
Esta semana he dado un nuevo paso que quiero compartir aquí, en este foro recóndito, escondido, pero íntimo. La revista neoyorquina de letras y artes latinoamericanas ViceVersa ha publicado mi primera "Crónica urbana", cuyo primer borrador escribí justamente aquí. Abajo comparto el enlace. Aparecerá una crónica mía en ViceVersa cada miércoles. Las compartiré en mis Apuntes y postales. Pero si les gusta la revista y su sección de Crónicas urbanas, por favor compártanla con otros.
Y les mando un abrazo. Aunque me parezca que lo envío al vacio del mundo cibernético, sé que les llegará a personas de carne, hueso y corazón.
Lean en ViceVersa y compartan si les gusta: "Su mano callosa y fría"
sábado, 27 de mayo de 2017
domingo, 14 de mayo de 2017
Noche de Supermambo!
Hay noches como esta en que voy a Barbès y me tomo un par de rubias inglesas y escucho música como la de Supermambo! y bailo y converso con compas, incluyendo un tico y una nica, y conozco gente nueva, incluyendo una mexicana chilanga y una brasileña carioca, y me siento tan feliz que no quiero escribir. Quiero seguir bailando.
sábado, 1 de abril de 2017
Una cantora y un filósofo en el Ó do Borogodó
Después del concierto de Miramar, la chilenita me presentó a Laura Ann Singh, la cantante del trío. Le dije a Laura que me encantó su interpretación de "Pétalas Esquecidas," que ya había escuchado otras pero la suya es especial. Eso cambió la conversación del inglés al portugués. Más rico así. Me preguntó dónde había escuchado esas versiones y le dije que en São Paulo.
--Ah, eu morei em São Paulo. Eu fui lá estudar com uma cantora de samba que está fazendo muito sucesso agora no Brasil, na França, na Alemanha e outros paises. Quál era o nome?--, me dijo.
--Fabiana Cozza--, adiviné pues sabía que la cantora paulistana anduvo por París y Berlín.
--Sim, era ela--, asintió sorprendida de que yo supiera el nombre de su maestra de samba.
Yo conocí la música de Fabiana Cozza por el cd Quando O Céu Clarear que me regaló Alex, uno de mis amigazos de Sampa desde siempre y el mejor de compas paulistanos cuando celebramos abrazados trinfos ticos en el Mundial 2014. Laura estuvo en Sampa estudiando interpretación de samba con Fabiana.
--Você esteve lá quando?--, le pregunté.
--Deixa eu pensar...acho que em 2005--, me respondió.
--Eu também. Então a gente esteve lá junto--.
Compartimos una risa cómplice pues estuvimos en São Paulo al mismo tiempo y en los mismos barrios paulistanos. Resultó que Laura anduvo por ahí cantando por la Vila Madalena, bailando samba de gafieira con la Banda Glória y escuchando rodas de samba en el bar Ó do Borogodó mientras yo hacía exactamente lo mismo.
--A gente de ter se cruzado várias vezes no caminho, né?--le dije.
--Até provavelmente bebemos uma cerveijinha juntos e não lembramos--.
Y sí, podría ser que nos cruzamos el paso y hasta estuvimos con alguna galera en algún boteco de la Vila Madalena o Pinheiros cantando y bailando juntos. Lo que pasa es que en aquellas noitadas bohemias mi musa era una garota de largos rizos negros, ojos color miel, sonrisa de amanecer, corazón de miel y sensibilidad poética. Esa garota me presentó a Cecília Meireles y me inspiró a escribir el único poema que intenté esbozar por aquellos años y que me encontré escrito en un papelito hace poco tiempo. De hecho el poemita lo escribí después de la primera noche de samba con Analúcia, su amiga Moranguinha y mi amigo Cass en el Ó do Borogodó.
Talvez Laura estuvo ahí esa misma noche. Talvez estuvo el día siguiente en la feirinha de sábado en la plaza Benedito Calixto, comiendo acarajé bahiano y escuchando chorinhos interpretados por los viejitos que se juntaban a tocar en roda en la feria.
"Ay Laurita, quantas saudades daqueles dias, né?", pensé. Pero no se lo dije porque vivimos en el presente, ella con su familia en Virginia y yo con mis cinco sentidos en Brooklyn, y aunque no nos conocimos en aquella época, nos conocimos doce años después, luego de un hermoso concierto de boleros puertorriqueños en Nueva York. ¡Qué linda es la Vida!
--Ah, eu morei em São Paulo. Eu fui lá estudar com uma cantora de samba que está fazendo muito sucesso agora no Brasil, na França, na Alemanha e outros paises. Quál era o nome?--, me dijo.
--Fabiana Cozza--, adiviné pues sabía que la cantora paulistana anduvo por París y Berlín.
--Sim, era ela--, asintió sorprendida de que yo supiera el nombre de su maestra de samba.
Yo conocí la música de Fabiana Cozza por el cd Quando O Céu Clarear que me regaló Alex, uno de mis amigazos de Sampa desde siempre y el mejor de compas paulistanos cuando celebramos abrazados trinfos ticos en el Mundial 2014. Laura estuvo en Sampa estudiando interpretación de samba con Fabiana.
--Você esteve lá quando?--, le pregunté.
--Deixa eu pensar...acho que em 2005--, me respondió.
--Eu também. Então a gente esteve lá junto--.
Compartimos una risa cómplice pues estuvimos en São Paulo al mismo tiempo y en los mismos barrios paulistanos. Resultó que Laura anduvo por ahí cantando por la Vila Madalena, bailando samba de gafieira con la Banda Glória y escuchando rodas de samba en el bar Ó do Borogodó mientras yo hacía exactamente lo mismo.
--A gente de ter se cruzado várias vezes no caminho, né?--le dije.
--Até provavelmente bebemos uma cerveijinha juntos e não lembramos--.
Y sí, podría ser que nos cruzamos el paso y hasta estuvimos con alguna galera en algún boteco de la Vila Madalena o Pinheiros cantando y bailando juntos. Lo que pasa es que en aquellas noitadas bohemias mi musa era una garota de largos rizos negros, ojos color miel, sonrisa de amanecer, corazón de miel y sensibilidad poética. Esa garota me presentó a Cecília Meireles y me inspiró a escribir el único poema que intenté esbozar por aquellos años y que me encontré escrito en un papelito hace poco tiempo. De hecho el poemita lo escribí después de la primera noche de samba con Analúcia, su amiga Moranguinha y mi amigo Cass en el Ó do Borogodó.
Talvez Laura estuvo ahí esa misma noche. Talvez estuvo el día siguiente en la feirinha de sábado en la plaza Benedito Calixto, comiendo acarajé bahiano y escuchando chorinhos interpretados por los viejitos que se juntaban a tocar en roda en la feria.
"Ay Laurita, quantas saudades daqueles dias, né?", pensé. Pero no se lo dije porque vivimos en el presente, ella con su familia en Virginia y yo con mis cinco sentidos en Brooklyn, y aunque no nos conocimos en aquella época, nos conocimos doce años después, luego de un hermoso concierto de boleros puertorriqueños en Nueva York. ¡Qué linda es la Vida!
Enamorarse con los boleros de Miramar
A la chilenita de los rizos castaños no la veía desde que tocó en Subrosa con Bio Ritmo, su grupo de salsa. Mensajeábamos pero ella andaba muy ocupada preparando el concierto de esta noche con Miramar, su grupo de bolero. Cuando escuché, entedí por qué. Miramar esta noche nos regaló a los dichosos en la audiencia una hora y media seguida de boleros bellísimos, interpretaciones deliciosas, arreglos originales, poesía cantada: un desaforo de belleza, vasta y profunda como el mar que evoca Mira-mar y el amor que invoca Mir-amar, sensual como el mar iluminado por un dorado sol que yo imaginaba mientras escuchaba.
Yo ya sabía que la chilenita en realidad es una pianista, organista, compositora y arreglista talentosa, y que a Miramar le dan pelota en NBC, NPR, CNN y esas cosas que ella no cuenta. Pero después de presenciar y escuchar el concierto que M. S.-A. montó, arregló y dirigió desde su piano esta noche, digo con orgullo que esta amiga mía es genial
Este concierto de Miramar era parte de la serie de conciertos de mi universidad, Live@365. Por ser un evento especial, contaban con una orquesta de gala. La chilenita en el piano y el órgano con Rei Álvarez y Laura Ann Singh en las voces son el alma, el trío. Esta noche los acompañaba el colombiano Sebastián Cruz, a quien conocí en Barbès, en guitarra y requinto, y Giustino Riccio en percusión. Y la delicia extraordinaria fueron las cuerdas: un contrabajo, un violoncello, una viola y dos violines. Excepto el contrabajista, todas las cuerdas las tocaban mujeres. Me pareció significativo porque el alma del concierto y del primer álbum de Miramar es un homenaje a la poeta y compositora puertorriqueña Silvia Rexach, una rebelde y bohemia de la que yo seguro me hubiera enamorado. Sobre todo si la hubera escuchado cantar.
Con toda esa orquesta a disposición, ricitos castaños hizo maravillas en los arreglos. Predominaron los boleros puertorriqueños, pero hubo viajes. Por ejemplo, Laura, cuyo primer amor es la música brasileña, interpretó "Pétalas Esquecidas" que yo conocía en la interpretación de Marisa Monte, ya de por sí una maravilla de delicadeza y sencillez - piano minimalista, guitarra, violoncello y voz. Pero lo de esta noche con Miramar no hay cómo describirlo: la chilenita en el piano, Tomeka Reid en el cello y la voz de Laura. Así ¿cómo no enamorarse de la Vida y la Belleza? Fue tal el desaforo que creo que viví una experiencia mística, experiencia que según mi tradición filosófica romántico-sensualista, es por un lado inefable y por el otro transformadora. La velada con Miramar fue inefable por la sensualidad total de la experiencia; transformadora pues ¿cómo no querer enamorarse de nuevo bailando un rico bolero? Enamorarse, por ejemplo, del mar y del sol al mismo tiempo, enamorarse libremente y siendo libre, sin pedirles nada ni atarse a ellos tampoco, porque las montañas me gustan también y a ellas también quiero entregarme. Mar y sol amar. Porque sí. Como amo la Vida.
Yo ya sabía que la chilenita en realidad es una pianista, organista, compositora y arreglista talentosa, y que a Miramar le dan pelota en NBC, NPR, CNN y esas cosas que ella no cuenta. Pero después de presenciar y escuchar el concierto que M. S.-A. montó, arregló y dirigió desde su piano esta noche, digo con orgullo que esta amiga mía es genial
Este concierto de Miramar era parte de la serie de conciertos de mi universidad, Live@365. Por ser un evento especial, contaban con una orquesta de gala. La chilenita en el piano y el órgano con Rei Álvarez y Laura Ann Singh en las voces son el alma, el trío. Esta noche los acompañaba el colombiano Sebastián Cruz, a quien conocí en Barbès, en guitarra y requinto, y Giustino Riccio en percusión. Y la delicia extraordinaria fueron las cuerdas: un contrabajo, un violoncello, una viola y dos violines. Excepto el contrabajista, todas las cuerdas las tocaban mujeres. Me pareció significativo porque el alma del concierto y del primer álbum de Miramar es un homenaje a la poeta y compositora puertorriqueña Silvia Rexach, una rebelde y bohemia de la que yo seguro me hubiera enamorado. Sobre todo si la hubera escuchado cantar.
Con toda esa orquesta a disposición, ricitos castaños hizo maravillas en los arreglos. Predominaron los boleros puertorriqueños, pero hubo viajes. Por ejemplo, Laura, cuyo primer amor es la música brasileña, interpretó "Pétalas Esquecidas" que yo conocía en la interpretación de Marisa Monte, ya de por sí una maravilla de delicadeza y sencillez - piano minimalista, guitarra, violoncello y voz. Pero lo de esta noche con Miramar no hay cómo describirlo: la chilenita en el piano, Tomeka Reid en el cello y la voz de Laura. Así ¿cómo no enamorarse de la Vida y la Belleza? Fue tal el desaforo que creo que viví una experiencia mística, experiencia que según mi tradición filosófica romántico-sensualista, es por un lado inefable y por el otro transformadora. La velada con Miramar fue inefable por la sensualidad total de la experiencia; transformadora pues ¿cómo no querer enamorarse de nuevo bailando un rico bolero? Enamorarse, por ejemplo, del mar y del sol al mismo tiempo, enamorarse libremente y siendo libre, sin pedirles nada ni atarse a ellos tampoco, porque las montañas me gustan también y a ellas también quiero entregarme. Mar y sol amar. Porque sí. Como amo la Vida.
lunes, 27 de marzo de 2017
Un poquito de choro, otro poquito de cumbia
El viernes me parecía, por los períodicos y los chats, que toda Tiquicia esperaba ansiosa el partido de la Sele tica en México. Pero así como cuando se espera que Costa Rica pierda, gana, cuando se espera que gane, pierde. Entonces en vez de buscar un restaurante mexicano o un bar latino para ver el partido, me fui a pasear musicalmente por Brasil y Colombia sin moverme de Barbès. Tuve razón. Los ticos nos quedamos en hablada de otro Aztecazo, pero al menos yo disfruté.
Esperaba que Regional de NY se presentara con una formación que les permitiera pasar del choro al forró, para bailar ritmos nordestinos. Tenía ganas. Pero aunque llegó el acordionista, faltó percusión. En cambio, esta vez ofrecieron algo inesperado e interesante. Eran cinco intrumentos: la guitarra, el acordeón, la pandereta, la mandolina y, para mi sorpresa, un violoncello. Y así organizaron una roda de choro inusual, sin viento: ni flauta, ni clarinete, ni saxofón pero con una violoncello. En un momento especial, se le unió una vocalista, una cantora de samba de piel dorada, ojos verdes, rizos rojizos y voz cálida que intrepretó sambas de Cartola. Eso me recordó a Analúcia, la morena paulista de rizos negros y sonrisa amplia que me presentó no solo a Cecília Meireles con su propia animación del poema "Pescaria," sino al samba de raíz con su tema favorito, "A Sorrir (O Sol Nascerá)" de Cartola. Pero de la ensoñación pronto regresé a Barbès porque tenía a una bahiana cantando ahí mismo, y del samba de Cartola pasó a interpretar piezas de Dorival Caymmi. Luego los músicos regresaron al choro y cerraron con una versión sensacional de "Um a Zero" de Pixinguinha. ¡Qué maravilla! Mi primer cd de choros de Pixinguinha también me lo grabó Analúcia. Pero esta versión me gustó en particular porque cada músico tocó un solo de la melodía principal: primero el cello, luego la mandolina, de seguido el acordeón y finalmente la guitarra, antes de que el panderetero improvisara un solo sensacional de percusión para cerrar todos juntos de nuevo con la melodía principal. ¡Qué delicia!
Ya eso habría sido suficiente deleite musical para una noche. Pero yo andaba goloso y quería cumbia y marchas colombianas interpretadas por Chia's Dance Party. El líder del grupo, Martín Vejarano, es un tipo buena gente y excelente músico que ya me había alegrado la vida junto con uno de sus otros conjuntos, Cumbia River Band. En éste es clarinetista y pensé que ese era su instrumento, como Xinia en sus inicios, pero resulta que es principalmente percusionista y con Chia's Dance Party toca batería. La formación del conjunto era también muy especial, percusión y viento metal nada más: batería, saxofón soprano, saxofón alto, tuba y bombardino o eufonio. Éste último yo ni lo conocía pero resulta que es "uno de los ejes de la cultura musical del Caribe" colombiano. La música de Chia's tiene raíces populares y folclóricas, pero las composiciones y los arreglos de Martín son sofisticados. Él le ponía toda la energía a la batería y la voz y los demás se fajaban con sus instrumentos. El músico del sax soprano era Lívio Almeida, un paulistano que ya había conocido por medio de M. S.-A., la chilenita de los rizos castaños. En el intervalo lo saludé y de hecho me confirmó que a los arreglos de Martín había que entrarles con todo, que era música que demandaba toda la energía física del instrumentista. Se notaba. Pero para eso estamos los bailarines de la audiencia, para acompañarlos. Entonces también le dimos con todo al baile, a paso de cumbia pero de vez en cuando con marchas y ritmos complejos que te obligaban a escuchar y dejarte ir un poco.
Y así me dejé ir. Como lo veía venir, los ticos en la cancha del Azteca esta vez no hicieron nada. Pero yo me la pasé rico, de Brasil a Colombia con el choro y la cumbia experimental.
Esperaba que Regional de NY se presentara con una formación que les permitiera pasar del choro al forró, para bailar ritmos nordestinos. Tenía ganas. Pero aunque llegó el acordionista, faltó percusión. En cambio, esta vez ofrecieron algo inesperado e interesante. Eran cinco intrumentos: la guitarra, el acordeón, la pandereta, la mandolina y, para mi sorpresa, un violoncello. Y así organizaron una roda de choro inusual, sin viento: ni flauta, ni clarinete, ni saxofón pero con una violoncello. En un momento especial, se le unió una vocalista, una cantora de samba de piel dorada, ojos verdes, rizos rojizos y voz cálida que intrepretó sambas de Cartola. Eso me recordó a Analúcia, la morena paulista de rizos negros y sonrisa amplia que me presentó no solo a Cecília Meireles con su propia animación del poema "Pescaria," sino al samba de raíz con su tema favorito, "A Sorrir (O Sol Nascerá)" de Cartola. Pero de la ensoñación pronto regresé a Barbès porque tenía a una bahiana cantando ahí mismo, y del samba de Cartola pasó a interpretar piezas de Dorival Caymmi. Luego los músicos regresaron al choro y cerraron con una versión sensacional de "Um a Zero" de Pixinguinha. ¡Qué maravilla! Mi primer cd de choros de Pixinguinha también me lo grabó Analúcia. Pero esta versión me gustó en particular porque cada músico tocó un solo de la melodía principal: primero el cello, luego la mandolina, de seguido el acordeón y finalmente la guitarra, antes de que el panderetero improvisara un solo sensacional de percusión para cerrar todos juntos de nuevo con la melodía principal. ¡Qué delicia!
Ya eso habría sido suficiente deleite musical para una noche. Pero yo andaba goloso y quería cumbia y marchas colombianas interpretadas por Chia's Dance Party. El líder del grupo, Martín Vejarano, es un tipo buena gente y excelente músico que ya me había alegrado la vida junto con uno de sus otros conjuntos, Cumbia River Band. En éste es clarinetista y pensé que ese era su instrumento, como Xinia en sus inicios, pero resulta que es principalmente percusionista y con Chia's Dance Party toca batería. La formación del conjunto era también muy especial, percusión y viento metal nada más: batería, saxofón soprano, saxofón alto, tuba y bombardino o eufonio. Éste último yo ni lo conocía pero resulta que es "uno de los ejes de la cultura musical del Caribe" colombiano. La música de Chia's tiene raíces populares y folclóricas, pero las composiciones y los arreglos de Martín son sofisticados. Él le ponía toda la energía a la batería y la voz y los demás se fajaban con sus instrumentos. El músico del sax soprano era Lívio Almeida, un paulistano que ya había conocido por medio de M. S.-A., la chilenita de los rizos castaños. En el intervalo lo saludé y de hecho me confirmó que a los arreglos de Martín había que entrarles con todo, que era música que demandaba toda la energía física del instrumentista. Se notaba. Pero para eso estamos los bailarines de la audiencia, para acompañarlos. Entonces también le dimos con todo al baile, a paso de cumbia pero de vez en cuando con marchas y ritmos complejos que te obligaban a escuchar y dejarte ir un poco.
Y así me dejé ir. Como lo veía venir, los ticos en la cancha del Azteca esta vez no hicieron nada. Pero yo me la pasé rico, de Brasil a Colombia con el choro y la cumbia experimental.
jueves, 23 de marzo de 2017
Una bienvenida a Primavera con Yotoco
El lunes Alba me encontró esperándola despierto. Quizá por ello, me sentí un poco molido todo el día de clases. Regresé a mi casa a dormir una siesta que me revitalizó. Me desperté dispuesto a salir a bailar con Yotoco en Barbès. "P'allá me jui" a darle la bienvenida a Primavera. Había poca gente, pero Sebastián, Nati, Gabo y los muchachos nos regalaron un buen concierto a los que llegamos. La feria fue la presencia de Roberto, un músico de Santa Marta que toca música de gaita colombiana. Al final del primer set, Roberto se unió a Yotoco, tocó su gaita y cantó, mientras Sebastián tocaba otra gaita y maraca al mismo tiempo, y el resto acompañaba. En el instante le mandé un audio a Xinita en Costa Rica. Me respondió: "Eso puede bailarse como swing criollo. ¿Qué es?" Le expliqué que era gaita, el origen de la cumbia. Nos gustó.
En el intermedio pedí una negra irlandesa en la barra, levanté la jarra a la salud de la Divina y la Primavera, bebí el primer sorbo, y busqué Sebastián. Me presentó a Roberto: buena gente, me explicó el origen indígena de la gaita y la adaptación que hicieron para sus ritmos los afrodescendientes en Colombia. Sólo esto ya valió el boleto. Pero en el segundo set además de cumbia hasta bailé un bolero y un chachachá con una gringa animada: aunque no diera bien los pasos, se adaptaba y disfrutaba. Terminé feliz, me despedí rapidito de los chochamus y regresé a casa. El tiempo primaveral estaba tan agradable que caminé hasta casa. Me acompañaron mi Sol de media noche, dos mapaches en busca de comida y un gato negro con una estrella blanca pintada en el pecho y la cara. Cosas veredes un martes de madrugada en las cercanías del parque.
En el intermedio pedí una negra irlandesa en la barra, levanté la jarra a la salud de la Divina y la Primavera, bebí el primer sorbo, y busqué Sebastián. Me presentó a Roberto: buena gente, me explicó el origen indígena de la gaita y la adaptación que hicieron para sus ritmos los afrodescendientes en Colombia. Sólo esto ya valió el boleto. Pero en el segundo set además de cumbia hasta bailé un bolero y un chachachá con una gringa animada: aunque no diera bien los pasos, se adaptaba y disfrutaba. Terminé feliz, me despedí rapidito de los chochamus y regresé a casa. El tiempo primaveral estaba tan agradable que caminé hasta casa. Me acompañaron mi Sol de media noche, dos mapaches en busca de comida y un gato negro con una estrella blanca pintada en el pecho y la cara. Cosas veredes un martes de madrugada en las cercanías del parque.
miércoles, 22 de marzo de 2017
Un hasta luego a Ladama
Las muchachas de Ladama Project entran al escenario en Union Pool, un bar de varios ambientes, incluyendo billares, un gran vestíbulo y la sala de conciertos, en Williamsburg. Para las chicas es su último concierto de esta gira por la Yunai que ya ha cumplido cuatro meses. Las conocí un poquito tarde pero me alegro de escucharlas una vez más antes de que Mafer regrese a Barquisimeto, luego Daniela a Bogotá, Lara a Recife y Sara se quede solita en Brooklyn.
Este sábado abren con "Porro Maracatú" y me embeleza escuchar a Daniela rapeando mientras toca el tambor alegre. Luego tocan "Pajarillo" y la bandola de Mafer me lleva a la Venezuela de mi Sol. Y de allí continúa la alegría y la belleza recorriendo toda América. Sara, quien es de San Luis, Misuri, homenajea a Chuck Berry pues ha fallecido. Ella creció en el barrio del rockero negro y su mamá fue maestra de los nietos de Berry, explica. Se luce la misuriana con un clásico de los sesenta y por primera vez me doy cuenta que su potente voz en inglés tiene tonos cálidos afroamericanos, herencia de su barrio. Las chamas se lucen además con nuevas piezas. De todas, la mejor es "Sin amarras," canción de letra feminista que Daniela, la autora, le dedica a todas las mujeres en la audiencia. Cierran con "Cumbia brasilera," la pieza más bailable de todas en vivo, y el corazón se me inunda de alegría como el cuerpo. Pero la audiencia pide "otra, otra, otra" y las garotas complacen con "Boa noite," un coco, ritmo recifense. Después del concierto, conversamos bastante. Daniela está muy feliz, dice. Mafer anda alegre y bailamos un poco con la música del DJ. Luego converso con Lara y me entretengo escuchando su acento pernambucano. Saudades do Recife.
Al rato, las muchachas tienen que sacar sus instrumentos de la zona de detrás del escenario. Es hora de decir "hasta luego". Las gurias a lo suyo, yo a lo mío. Se van a casa pero regresan en setiembre a Brooklyn a lanzar su disco que ya ha quedado grabado.
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