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| Joaquín Torres García (Uruguay): "América invertida" con Sol, Luna y Cruz del Sur |
miércoles, 24 de enero de 2018
Buscá la Cruz del Sur en el cielo nocturno
Si sos del hemisferio norte y alguna vez vas al hemisferio sur, salí de noche a buscar a la Cruz del Sur en el cielo. Si no sabés cómo encontrarla, preguntá a algún lugareño informado. La verás y nunca la olvidarás y la querrás ver muchas veces más. Yo al menos nunca la he olvidado desde la primera vez que la vi en tierras orientales del Uruguay. Desde entonces he aprendido a buscarla y contemplarla siempre que puedo, como esta madrugada de cielo límpido y estrellado en Costa Rica. Además, como ya he narrado, la Cruz del Sur ha marcado mi rumbo peripatético. Quizá te señale tu rumbo, si lo andás buscando.
martes, 23 de enero de 2018
Crónica: El momoto cejiceleste
Vimos un destello turquesa destacar contra el follaje glauco en el lindero trasero de La Libélula. Se internó entre las ramas del árbol de tamarindo y no salió. Nos acercamos despacio, sin ruido ni movimientos bruscos, a la cerca. Desde allí vimos posado en una rama del tamarindo al momoto cejiceleste. Supongo que es el mismo amigo y maestro sobre el que escribí a fin de año y que la semana pasada retraté en esta crónica urbana: El momoto cejiceleste. Me alegró verlo de nuevo. Se quedó quieto por largo rato hasta que voló a la copa de un roble y luego en dirección al árbol de toronja de nuestros vecinos. Espero reencontrarlo en otra visita.
| Eumomota superciliosa (Fuente: The Internet Bird Collection) |
jueves, 11 de enero de 2018
Crónica: Luz presente en La Libélula
| La Libélula, diciembre 2014 (Foto: X. Campos) |
domingo, 24 de diciembre de 2017
Crónica: La Luna y el Cristo Redentor
Comparto mi última crónica urbana en ViceVersa de este año: La Luna y el Cristo Redentor. Un esbozo ya había aparecido en estos Apuntes y Postales. Pero acompaño la crónica de una foto del Cristo Redentor que tomé el año pasado, desde el mismo apartamento en que acontece la escena de la crónica, pero al amanecer. En la foto se observa bien la silueta de la mujer-montaña.
Escribo esto desde La Libélula, en Lagunillas de Tárcoles, Garabito, Puntarenas. Al atardecer apareció un cachito de Luna que sencolgó un rato del cielo nocturno. Ya se acostó y ahora aguardo a la Cruz del Sur. ¡Abrazo, gente querida!
Escribo esto desde La Libélula, en Lagunillas de Tárcoles, Garabito, Puntarenas. Al atardecer apareció un cachito de Luna que sencolgó un rato del cielo nocturno. Ya se acostó y ahora aguardo a la Cruz del Sur. ¡Abrazo, gente querida!
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| El Cristo y la mujer-montaña al amanecer |
viernes, 22 de diciembre de 2017
Cruz de madrugada
Después de la fiestica, salí a mi jardín de madrugada y la busqué en el cielo. Allí estaba, en dirección sur-suroeste, enorme y nítida. Desde que llegué a San José, anduve buscándola en el cielo nocturno pero no la encontraba. En esta época, resulta, la Cruz del Sur aparece ya de madrugada en el cielo josefino. Me alegró verla. Me sentí un poco más en casa. Habiéndola saludado, dormí complacido. Y ya llega la hora de irme a la bajura y verla desde Tárcoles, donde siempre ilumina mis noches.
miércoles, 20 de diciembre de 2017
Esta Vida rica
Hoy reflexioné sobre el último par de años, desde que salí de Brooklyn en diciembre del 2015 para regresar a Costa Rica, revincularme con mi tierra y mi gente, y luego regresar a Brooklyn en agosto del 2016. Para entonces había concluido que la vida que me gusta es peripatética. Recordé dos momentos importantes en ese proceso. En febrero del 2016 escribí: "Estoy donde quiero estar". Y en agosto de este 2017 escribí: "La vida que yo quiero es esta que ya tengo".
Recordé esos dos momentos porque volví a experimentar esas sensaciones hoy. Estaba sentado en mi escritorio leyendo los trabajos finales de mis alumnxs. Los ensayos de mis estudiantes del curso de filosofía americana me complacían bastante por su calidad. Por ratos, para distraerme y descansar la vista, miraba desde mi rinconcito de trabajo hacia mi jardín. Contemplaba los geranios, las plantas y el rosal con sus flores magenta. El sol me acariciaba los pies. Maya me visitaba por momentos y me miraba con sus ojitos pedigüeños de caricias.
Sentí bienestar. Sentí esperanza en el poder del amor para generar y regenerar relaciones íntimas y signficativas. Sentí cosquillas en los pies cuando me caminaron unas hormiguitas por ellos. Sentí sed y me tomé un agua de pipa (agua de coco) fresca.
Pensé y sentí de nuevo que estoy donde quiero estar y que la vida que yo quiero es esta que ya tengo. Así como está mi Vida, está muy rica.
Recordé esos dos momentos porque volví a experimentar esas sensaciones hoy. Estaba sentado en mi escritorio leyendo los trabajos finales de mis alumnxs. Los ensayos de mis estudiantes del curso de filosofía americana me complacían bastante por su calidad. Por ratos, para distraerme y descansar la vista, miraba desde mi rinconcito de trabajo hacia mi jardín. Contemplaba los geranios, las plantas y el rosal con sus flores magenta. El sol me acariciaba los pies. Maya me visitaba por momentos y me miraba con sus ojitos pedigüeños de caricias.
Sentí bienestar. Sentí esperanza en el poder del amor para generar y regenerar relaciones íntimas y signficativas. Sentí cosquillas en los pies cuando me caminaron unas hormiguitas por ellos. Sentí sed y me tomé un agua de pipa (agua de coco) fresca.
Pensé y sentí de nuevo que estoy donde quiero estar y que la vida que yo quiero es esta que ya tengo. Así como está mi Vida, está muy rica.
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| Maya, en mi jardín, junto a mi rinconcito filosófico-literario |
lunes, 18 de diciembre de 2017
Despertar presente en casa
Esta mañana abrí los ojos cuando la claridad tropical ya se filtraba por las persianas e iluminaba mi dormitorio.
Observé algunos de mis objetos personales: el tejido de algodón que me hizo mi tía Yaya usando una técnica japonesa; el cuadro de un chiquito y una chiquita afrocostarricenses leyendo juntos que me dedicó el artista Adrián Gómez; el dibujo de tres bailarines sufíes que me trajo M de Estambul; el desnudo de una mujer pelirroja de voluptuoso cuerpo verde, amarillo y azul (grabado del artista Gustavo Serrano, inspirado en una puesta en escena de la obra de teatro Yerma de García Lorca, dirigida por Tatiana de la Ossa con actuación de Moy); la balsita artesanal que traje de uno de mis viajes por amor a la Amazonía brasileña; y los caracoles que recogí de una playa del pacífico ecuatoriano. También observé el rinconcito donde escribo.
Mientras observaba mi entorno íntimo me di cuenta de que por primera vez me sentí plenamente presente y en casa desde que aterricé en San José la semana pasada.
Esa es una de las cuestiones con la vida peripatética entre las tres Américas que estoy intentando: a veces viajo tanto y experimento tantos encuentros y desencuentros, saludos y despedidas, en tan corto plazo, que me siento emocional y mentalmente desintegrado y dividido entre tres lugares al mismo tiempo, sin estar enteramente presente en ninguno. Cuando eso sucede, demoro un tiempo en reintegrarme y sentir que estoy entero y presente en el aquí y ahora.
En cuestión de tres semanas viajé de Brooklyn a Río de Janeiro, de allí a Vitoria y de vuelta a Río donde participé de una conferencia, regresé a Nueva York con escala en Panamá, terminé de dar clases en Brooklyn y me vine a Costa Rica.
En el camino abracé tanta gente querida, conocí tanta gente nueva, conversé tanto, escuché tantos amores y desamores, alegrías y dolores, viví los míos propios, y llegué a la cuna de mi ser a estar con mi familia: Viví tanto, digo, que parte de mi corazón y de mente aún se hallaban en Río de Janeiro, Vitoria y Brooklyn mientras el resto ya estaba en San José.
Esta mañana, sin embargo, me sentí presente en el aquí y ahora. Estar presente es el principio fundamental para disfrutar esta vida peripatética. Si ando dividido, desintegrado y parcialmente ausente, se me complica esta vida. Hay que estar entero, íntegro y completamente presente.
Todo tiene su tiempo y su lugar: este es el momento de hallarme presente en mi casa en San José, compartiendo con la gente que quiere estar conmigo aquí. Ya vendrán otros tiempos para otros lugares y personas.
Observé algunos de mis objetos personales: el tejido de algodón que me hizo mi tía Yaya usando una técnica japonesa; el cuadro de un chiquito y una chiquita afrocostarricenses leyendo juntos que me dedicó el artista Adrián Gómez; el dibujo de tres bailarines sufíes que me trajo M de Estambul; el desnudo de una mujer pelirroja de voluptuoso cuerpo verde, amarillo y azul (grabado del artista Gustavo Serrano, inspirado en una puesta en escena de la obra de teatro Yerma de García Lorca, dirigida por Tatiana de la Ossa con actuación de Moy); la balsita artesanal que traje de uno de mis viajes por amor a la Amazonía brasileña; y los caracoles que recogí de una playa del pacífico ecuatoriano. También observé el rinconcito donde escribo.
Mientras observaba mi entorno íntimo me di cuenta de que por primera vez me sentí plenamente presente y en casa desde que aterricé en San José la semana pasada.
Esa es una de las cuestiones con la vida peripatética entre las tres Américas que estoy intentando: a veces viajo tanto y experimento tantos encuentros y desencuentros, saludos y despedidas, en tan corto plazo, que me siento emocional y mentalmente desintegrado y dividido entre tres lugares al mismo tiempo, sin estar enteramente presente en ninguno. Cuando eso sucede, demoro un tiempo en reintegrarme y sentir que estoy entero y presente en el aquí y ahora.
En cuestión de tres semanas viajé de Brooklyn a Río de Janeiro, de allí a Vitoria y de vuelta a Río donde participé de una conferencia, regresé a Nueva York con escala en Panamá, terminé de dar clases en Brooklyn y me vine a Costa Rica.
En el camino abracé tanta gente querida, conocí tanta gente nueva, conversé tanto, escuché tantos amores y desamores, alegrías y dolores, viví los míos propios, y llegué a la cuna de mi ser a estar con mi familia: Viví tanto, digo, que parte de mi corazón y de mente aún se hallaban en Río de Janeiro, Vitoria y Brooklyn mientras el resto ya estaba en San José.
Esta mañana, sin embargo, me sentí presente en el aquí y ahora. Estar presente es el principio fundamental para disfrutar esta vida peripatética. Si ando dividido, desintegrado y parcialmente ausente, se me complica esta vida. Hay que estar entero, íntegro y completamente presente.
Todo tiene su tiempo y su lugar: este es el momento de hallarme presente en mi casa en San José, compartiendo con la gente que quiere estar conmigo aquí. Ya vendrán otros tiempos para otros lugares y personas.
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| El rinconcito donde escribo |
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