domingo, 17 de diciembre de 2017

Luz aprendiendo neurociencia

Toco el timbre para alertarla de que he llegado, abro con mis llaves y entro a su casa. Está al fondo de la sala, sentada frente al televisor. Me vuelve a ver, me reconoce, se le ilumina la mirada y me dice:

--Diay Danielito, ¿cómo está? Qué dicha que ya vino.

Me acerco, le doy un beso en la mejilla y un abrazo y me siento a conversar con ella. Sentada en su sillón, estira las piernas y apoya los pies sobre una canasta de mimbre. Se cubre los pies con una frazada de lana. Ha hecho mucho frío por la tarde y ya ha caído la noche, con su gélidos aires decembrinos. Es mejor que se abrigue. 

Viste un vestido negro con estampas albirojas y una suéter blanca. La noto un poquito más canosa pero sus ojos brillan. 

Me cuenta que está leyendo un libro sobre la relación entre los pensamientos, las emociones, la actividad cerebral y las reacciones en los distintos sistemas del organismo. Es un libro de divulgación científica, de neurociencias, que le regaló Mami. Mi abuela Luz está fascinada con lo que ha aprendido.

--No crea, hay partes que tengo que leerlas hasta cuatro veces para entender, pero voy aprendiendo--, puntualiza.

Además, me dice, hay temas que se los explica en cartas a mi primo Leo, quien anda en un retiro espiritual y educativo por un tiempo en el norte del país. Osea, que mi abuela sigue estudiando para compartir lo que aprende.

Yo la veo y me admiro. Ya se va acercando a los noventa años. Siempre le ha gustado leer, sacar apuntes y escribir sus reflexiones y conclusiones para compartirlas con su familia y relaciones cercanas. Antes lo hacía con literatura y textos bíblicos. Pero ahora anda escudriñando las ciencias. Yo le aplaudo.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Crónica: Sentir y festejar en Praia Vermelha

Comparto mi crónica de esta semana, Sentir y festejar en Praia Vermelha, publicada en ViceVersa Magazine. Combiné y revisé un poco un par de entradas recientes de mis Apuntes y Postales. Comparto mi propia fotografía, digamos que para darle un toque más personal a esta entrada. 

Ahora, ya en Costa Rica, me voy a ver una película brasileña, As duas Irenes, como parte del Festival Internacional de Cine de Costa Rica.  Até logo, gente linda.

Pão de Açucar, Praia Vermelha y Bahía de Guanabara

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Samba de la bienvenida

Al sobrevolar las filas de montañas y el verde valle que son cuna de mi ser, decidí que esta vez quería escuchar un samba para aterrizar. No un samba triste, sino uno alegre. 

Escogí O Sol Nascerá (A Sorrir) de Cartola, el samba favorito de Analúcia, una paulista con alma de carioca, sonriente y dulce, cuyo nombre invocaba luz, a quien conocí en una época en que ella buscaba alegría y yo podía compartirla. 

A sorrir
Eu pretendo levar a vida
Pois chorando
Eu vi a mocidade
Perdida


Finda a tempestade
O sol nascerá
Finda esta saudade
Hei de ter outro alguém para amar.

En un mismo corazón caben desamor y esperanza, desilusión y agradecimiento, perdón y amor, tristeza y alegría, como la alegría saudadosa de este samba.

Lo escuché en mis audífonos mientras miraba la luz del sol de media tarde dorar el verde del paisaje.

Aterrizamos, salí del aeropuerto, recibí el abrazo cariñoso de Pa y Ma, y con ese samba latiendo en mi corazón, dejé que el sol naciera en mi corazón y que su luz tropical iluminara mi alma.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Samba de la despedida

Ha sido un hermoso y melancólico día de invierno. La oblicua luz del sol iluminaba un campus universitario que me parecía ya vacío.

Terminé de dar los cursos del semestre y me despedí de mis alumnxs. 

Le dije hasta pronto al estanque de lirios acuáticos, ya cubierto por una fina capa de hielo. 

Y me fui.

Ya en mi barrio, cené con Niall, Clare y Elysia para despedirme. Niall, mi hermano brooklyniano, andaba enfermo pero igual vino a encontrarme. Ese gesto y la compañía de C y E me rescataron de un posible naufragio afectivo. Compartiendo comida beduina nos festejamos y nos deseamos felices fiestas. Después cada uno tomó su rumbo.

Ya en mi cuevita, terminé de empacar. Conversé con mis plantas suculentas, deseándoles felices fiestas también. 

Y ahora escucho este samba en la voz de Maria Rita:

Antes de me despedir
Deixo ao sambista mais novo
O meu pedido final:


Não deixe o samba morrer
Não deixe o samba acabar
O morro foi feito de samba
De Samba, prá gente sambar...


No dejés al samba morir. Ni al forró. Ni a la cumbia. Ni al merengue. Ni a la salsa.  Ni al bolero.

Aunque tu corazón desfallezca y te decepcionés de vos mismo, no dejés al samba morir.



domingo, 10 de diciembre de 2017

Crónica: La cumpleañera de Ipanema

Sigo trabajando en silencio. No tengo ganas de hablar. Al menos el cielo se ha despejado y el reflejo de los rayos de sol en la nieve inunda mi cuevita de luminosidad. Comparto, mientras tanto, esta crónica urbana, La cumpleañera de Ipanema. En cada lugar hay personas con historias enriquecedoras. Y cada persona tiene historias para enriquecernos.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Saidera en Santa Teresa

Saidera quiere decir el "zarpe", es decir, el último trago antes de irse. 

Junto con Prí, mi colega carioca, bebí una Bohemia acompañada de aipim frito (yuca frita, yo la conocía como mandioca o macaxeira en portugués) en Santa Teresa, barrio bohemio engarzado en los cerros de tal forma que ofrece vistas espectaculares. El aire frío y la neblina le daban un aire serrano al barrio. Nos tomamos una segunda Bohemia, la verdadera saidera y nos despedimos alegres.


Ya en casa, en Botafogo, vi el Cristo en la cima del Corcovado y una luna enorme sobre la cadera de la montaña con silueta de mujer. Me despedí agradecido. Hasta pronto.

Festejar en Praia Vermelha

Apenas acaba el congreso, nos vamos a celebrar. Decidimos hacer nuestro banquete a la orilla de la playa. 

En vez de Diotima, Sócrates, Aristófanes y demás, llegamos a este banquete filósofxs de todo el Brasil y uno de Tiquicia. Y no estamos en Atenas sino en Praia Vermelha, una playita linda y escondida de Botafogo. 

La noche está sabrosa y tibia, la brisa fresca, el romper de las olas suave y constante, la arena amarilla aún conserva el calorcito del día. Brillan las estrellas. Un cerro de roca maciza me impide ver la Cruz del Sur, pero sé que allí está. 

Primero nos sentamos en la terraza de un restaurante, bajo un enorme almendro de amplias ramas, a comer una pizza de palmito y beber una cerveza Original.

Luego salimos a la playa. A un vendedor ambulante le compramos latas de cerveza Antártica y nos ponemos a conversar. Para mí alegría, estoy con filósofxs que no hablan de teoría abstracta sino que analizan su Brasil, nuestra Latinoamérica - nuestra cultura, nuestros desafíos. 

Cantamos "Aquarelas do Brasil" abrazados. Me sorprende saber casi todos los versos. Luego, de manera más contestataria, escuchamos la interpretación de Elis Regina de "Querelas do Brasil" mientras, ya de madrugada, continúa el romper de olas y el fulgir de estrellas.