martes, 31 de mayo de 2016

"Big Red", el solidario

Nacido en Fargo, Dakota del Norte, de ascendencia escandinava, era un vikingo sensible: grandote, grueso, blanquísimo como una yuca, pecoso, pelirrojo, buen basquetbolista, profesor cuidadoso y esmerado, estudioso de la teoría de John Dewey, genial en la sala de aula. Sonreía mucho y siempre se le veía de buen humor. En Pensilvania, no éramos compas de todos los días, ni siquiera de todas las semanas. Pero cuando me mudé a Hamilton Avenue fuimos vecinos y "caí" en su casa para varias fiestas. Una vez, en una conferencia en Denver, compartimos habitación para ahorrar, pues éramos estudiantes. Una madrugada me desperté porque se lamentaba en sus sueños. No hablaba, sino que le salía un quejido gutural y conmovedor. No se lo dije por la mañana ni le pregunté nada, pero lo percibí triste. Lo dejé pasar y pasó el tiempo. Vi a muchos amigos irse del pueblo. Cuando yo me fui, el día que me mudé, fue él quien me ayudó a cargar el camión. Lo hizo por generosidad. Fue la última vez que lo vi. Él recaló en Texas, yo en Brooklyn.
  Este atardecer, al regresar a casa tras el café de la tarde en una terraza de la Praça Mandela en Botafogo, recibí la noticia. Me la envió nuestra amiga Mariana. E.A., el "Big Red", decidió dejarnos y dejar su dolor. Fue solidario y sensible. "Gracias amigo y adonde sea que te lleve tu viaje, quedás en nuestro corazón".

miércoles, 11 de mayo de 2016

Como si fuera corazón


Cuando nos mirás,
tus juguetones ojos
nos iluminan,

y cuando tocás
xaxado, xote y baião
nos hacés danzar

 a ritmo de tambor
latiendo
como si fuera corazón.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Haikus del Bosque Municipal de Atenas

Al finalizar mi época del cole, mi familia empezó a vacacionar junto con una familia de amigos en playa Esterillos en el Pacífico Central de Costa Rica, y no en Guanacaste. Empezamos a viajar por Atenas de Alajuela para luego subir los montes del Aguacate y descenderlos, pasando por San Mateo y Orotina, hasta desembocar en la costa. Atenas siempre me atrajo como pueblito para visitar e incluso, en ciertos momentos románticos de añoranzas, para vivir. Quizá se pensaría que Atenas me atraía por mi vocación filosófica, por aquello de los Sócrates, Platón y Aristóteles que allí pudieran reunirse a filosofar en los poyos del parque bajo las altísimas palmeras reales. Pero no, me atraía por los mangos, el calorcito, el sol delicioso y la gente buena gente.  

Con el pasar de los años, nuestras vidas se fueron ligando cada vez más a ese hermoso Pacífico Central y Atenas siempre nos quedó de camino. Pero hace pocos años se inauguró la carretera San José - Caldera, trazada por otra ruta para llegar más rápido a ese Pacífico, y Atenas quedó de lado. Ya no se pasa por allí y los viajeros no entran a dar una vuelta. Pero el romanticismo nostálgico corre por las venas de mi familia y todavía, de vez en cuando, viajamos por la vieja ruta y pasamos por allí.

Sin embargo, nunca nos detuvimos a caminar por el Bosque Municipal de Atenas. Hace un par de años lo intenté pero no encontré entrada a los senderos. El bosque me parecía impenetrable. Ayer, finalmente, le pregunté a un vecino del Alto del Monte. Me dijo que entrara por la plaza de fútbol al frente de la escuelita del lugar. Por allí nos adentramos a caminar por los senderos del bosque seco, subiendo y bajando laderas de la montaña, bordeando una quebrada, sintiendo, escuchando, observando, para luego captar lo vivido por medio del arte japonés del haiku.


Chicharras cantan.
Crujen las hojas secas
bajo nuestros pies.


Gota de agua 
fresca en labios secos
es tu presencia.


Canto de aves.
El corazón del bosque
late y vive.

jueves, 21 de enero de 2016

Poemas y Musas del Atlántico

Aún no he ido a reencontrarme con nuestro Caribe, pero pronto lo haré. Que añorase el Pacífico no quiere decir que no apreciase el océano donde he vivido y sus mares. Atravesando el Atlántico, por ejemplo, se llega a Vigo y se encuentra la Amistad. Y en sus costas brasileñas mi poetisa, Cecília Meireles, habrá observado el ir y venir de las olas en la arena para escribir el poema "Pescaria" (Pesca). Una artista paulista ilustró el poema con un corto animado y lo compartió conmigo tiempo atrás. Así conocí la poesía de Cecília y el talento de Ana Lúcia. Placeres vos también me has regalado, mi querido Atlántico.

 

martes, 22 de diciembre de 2015

Cumbiagra, Watanabe, la S y Yotoco

Como era el penúltimo fin de semana, había que gozarlo: sábado por la noche, bailando a ritmo de Cumbiagra en Barbés y haciendo brinquito de swing criollo tico con compañía brasileña; domingo escuchando taiko y composiciones contemporáneas del sensei Watanabe en ShapeShifter Lab, en las cercanías del tóxico canal Gowanus, con toques egipcios y compañía taiwanesa y japonesa, mientras en San José, de paso, la S le "arriaba" a la Liga, ay pero que domingo más sabroso; y lunes bailando en Barbés otra vez, pero con compañía bogotana y una negra de apellido Guinness a ritmo de Yotoco, que toca cumbia pero sin "biagra", y de paso me acordé de la piragua de Guillermo Cubillos, "era la piragua, era la piragua", y de que quiero conocer Nicaragua. Así las cosas, el fin de semana se acabó el martes por la madrugada. Pensándolo bien, la vida en Brooklyn es "tuanis".

sábado, 19 de diciembre de 2015

Comienza el penúltimo fin de semana brooklyniano

Para aprovecharlo bien, inauguro el fin de semana a media tarde del viernes tomando cafecito con una amiga birmana y otra bengalí. Ambas inmigraron con sus familias a Brooklyn desde Asia en su infancia y aún se sienten entre dos mundos: el de su niñez asiática y de sus familias conservadoras, budista e hindú respectivamente, y el cosmopolita brooklyniano, osea duro, no de cosmopolitas con plata, sino de inmigrantes que se fajan. Escuchando sus rollos y risas me bebo el [ "yodito". Ya después del atardecer nos despedimos y ellas se quedan un poco tristes. Yo trato de no pensarlo mucho.

Camino a casa en la oscuridad de las 5 pm. Llego exhausto y hago una siesta cuando ya ha atardecido. Me despierto tarde y salgo a prisa hacia Barbés en Park Slope a escuchar choro experimental. El grupo, Choro Bastardo, resulta excelente: un piano, un violín que a veces es mandolina, un pandeiro y una dulzaina me alegran el corazón al interpretar composiciones de Pascoal y Pixinguinha. Así disfruto más mi típica Guinness, la negra que me recuerda a State College y a Dubín. 

Apenas acaba el show, voy corriendo a la estación de metro. En Rockwood Music Hall toca Niall Connolly con su grupo y no me lo puedo perder. Llego cinco minutos tarde, abrazo a Cal y Clare y escucho con ellas la música folk e indie de mi amigo cantautor: "Here's to the Brooklyn Sky...Mohammad and Jacob and Jesus all kicking in the basement, playing blue grass tunes." Pienso, "the band is rocking tonight", mientras me muevo al ritmo. Luego charla, abrazos, risas. Y ya el tren me mece (it rocks me) mientras regreso a casa, de pie al final del vagón, observando desconocidos que regresan a sus casas. Me parecen felices. 

viernes, 11 de diciembre de 2015

En Krakus, mercadito polaco en Ditmas Avenue

Entré a Krakus por primera vez hace casi diez años, por curiosidad, a ver qué tenían en el mercadito polaco de mi nuevo barrio. Después de curiosearlo todo - quesos, mantequillas, tés, panes, cervezas, pastas, salsas, dulces - me compré un paquete de pierogies - la típica pasta rellena polaca - de hongos. Cuando fui a pagarlos, me miró la señora de la caja y me habló en su idioma. "Lo siento, no hablo polaco" le dije en inglés, apenado. En esa época, en el mercado ucraniano me hablaban en ucraniano porque pensaban que era ucraniano, en el ruso en ruso, en el polaco en polaco, pero en el dominicano me hablaban en inglés porque pensaban que era ruso. Gringo no, porque no había gringos en el barrio. 

A veces si la señora de Krakus está distraída y no me mira con atención cuando le voy a pagar, todavía me habla en polaco. Esta noche entré a comprar lo de siempre: mantequilla, pan de centeno integral, aunque a menudo lo compro de semilla de girasol, y mis birritas de una cervecería de Cracovia, una lager rubia y una porter negra, pa' que no me falte. Al colocar mis compras en el mostrador, la señora empezó a sumar precios en la caja y me preguntó algo, quizá porque yo miraba en la televisión las noticias en polaco sin entender nada. Y otra vez tuve que disculparme. Entonces me reconoció y se rió. Tanto me ha gustado Krakus que debí haberme matriculado en clases. Tutores e interlocutoras no me hubiesen faltado.