Playa Rajada
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miércoles, 19 de junio de 2019
Leyenda de Playa Rajada
Sol, océano, arena y fragatas volando en el viento me acompañaron en la tarde solitaria y contemplativa en Playa Rajada. Sentí la presencia de un fauno en el almendro a cuya sombra me senté a admirar mi entorno. Al atardecer, una manta raya saltó del agua calma, voló en el aire y se volvió a zambullir. Una ninfa del estero convocó al fauno a nadar en el mar. Se adentraron en las aguas frías de océano. Una manta raya que descansaba y se refugiaba del frío enterrada en la arena, al sentir la presencia de la ninfa, le aguijonéo el pie y se alejó. Respondió a su naturaleza para protegerse, no para causar dolor. Y a pesar de la gélida sensación de hielo en lo profundo de sus huesos, la ninfa resistió el dolor sin resentir a la manta. Respiró y respiró hasta que pasó. El fauno le acompañó. Juntos retornaron al mar. Danzaron juntos en el suave oleaje, ella con la gracia de la manta raya.
lunes, 13 de agosto de 2018
Oración de bienvenida desde el Bosque de la Hoja
Dije una oración de bienvenida a Costa Rica para quien nos visita. En el Bosque de la Hoja, a una altura de 2500 msnm, contemplaba los reflejos del sol sobre las aguas de una quebrada que bajaba por en medio de la montaña. Observaba también los claroscuros de la luz solar que se filtraba entre el dosel hasta el sotobosque. Por ratos, fantaseaba con las formas de las veloces nubes que pasaban sobre un claro en el dosel.
Sentí entonces ganas de abrazar y bendecir a quien ha querido venir para estar entre nosotres:
Que el Amor te bendiga y te guarde.
Que sus ángeles levanten su rostro sobre vos
y te cuiden con su luz.
Que el Amor alce sobre vos su rostro
y te guíe por senderos de paz.
Disfrutá y sé feliz. Que te acojan ángeles.
Sentí entonces ganas de abrazar y bendecir a quien ha querido venir para estar entre nosotres:
Que el Amor te bendiga y te guarde.
Que sus ángeles levanten su rostro sobre vos
y te cuiden con su luz.
Que el Amor alce sobre vos su rostro
y te guíe por senderos de paz.
Disfrutá y sé feliz. Que te acojan ángeles.
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| Reflejos en follaje y quebrada |
miércoles, 18 de julio de 2018
Luciérnagas en julio
No he visto luciérnagas en La Libélula en esta época pero sé que en el promontorio de Sunset Park y en los bosques y praderas de Prospect Park, en Brooklyn, es tiempo de luciérnagas. Son hijas del verano.
Hoy leí estos versos milenarios de la poetisa japonesa Abutsu-ni: "Quién sabe que en lo hondo del barranco de la montaña de mi oculto corazón, está encendida la luciérnaga de mi amor".
El comentario de Mark Nepo acerca de estos versos, en su Libro para renacer cada día, es incisivo: al escribir su haiku, la autora revela y libera a su luciérnaga. Declara su amor y le permite brillar.
¿Qué sucede con un amor que permanece oculto, sin expresión, en la cañada más profunda y oscura de un corazón que esconde lo que siente?
Languidece, sin que la persona amada, ni el corazón amante, experimenten el brillante placer de su expresión. Es trágico.
Si sentís amor, dejalo brillar. Al menos eso siento en la paz de La Libélula, rodeado de jardines, vergeles, potreros, arboledas y, en la distancia, montañas. Las luciérnagas brillarán en nuestro verano.
Hoy leí estos versos milenarios de la poetisa japonesa Abutsu-ni: "Quién sabe que en lo hondo del barranco de la montaña de mi oculto corazón, está encendida la luciérnaga de mi amor".
El comentario de Mark Nepo acerca de estos versos, en su Libro para renacer cada día, es incisivo: al escribir su haiku, la autora revela y libera a su luciérnaga. Declara su amor y le permite brillar.
¿Qué sucede con un amor que permanece oculto, sin expresión, en la cañada más profunda y oscura de un corazón que esconde lo que siente?
Languidece, sin que la persona amada, ni el corazón amante, experimenten el brillante placer de su expresión. Es trágico.
Si sentís amor, dejalo brillar. Al menos eso siento en la paz de La Libélula, rodeado de jardines, vergeles, potreros, arboledas y, en la distancia, montañas. Las luciérnagas brillarán en nuestro verano.
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| Luciérnagas felices (Foto: Ari Eljarrat Esebag) |
domingo, 15 de julio de 2018
Leyendo en la hamaca de Villa Hermosa
Abdel y Jazmina, mis nuevos amigos franco-argelinos, una pareja amorosa, me preguntaron qué hacía.
--Trabajar --, dije medio en broma. --Es un placer.
Lo dije medio en serio también. Estoy considerando incluir la novela de García Márquez en mi curso del otoño sobre el amor y la amistad en la literatura.
Por ratos leí además la edición bilingüe, con traducción al inglés, de los Versos sencillos de José Martí que compré en la librería El Centenario del Apóstol en La Habana. Acá les comparto unos versos y hago mías las palabras de Martí:
Si ves un monte de espumas
Es mi verso lo que ves:
Mi verso es un monte, y es
un abanico de plumas.
Mi verso es como un puñal
que por el puño hecha flor:
Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
Y de un carmín encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
Es hermoso el amparo que ofrecen el Caribe esmeralda y los montes del Escambray.
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| Mi trabajo es un placer |
jueves, 24 de mayo de 2018
Ser y fluir como río amazónico
"Ser como el Amazonas es dejarte llevar suave y onduladamente por la Vida. Es disfrutar de las vueltas espontáneas y reveses inesperados de la experiencia. Es quedarte quieto en momentos de crisis corporal-emocional y sentir y aceptar que estás en un meandro, pero que el río de tu vida, con todas sus sinuosidades y sin líneas rectas, desemboca en el Océano Vital que te da la bienvenida y al que pertenecés".
Este es uno de los párrafos de "Ser y fluir como río amazónico: poesía de Thereza Kolbe", mi ensayo de esta semana en la revista Suburbano. Escribirlo me llevó a revisitar ríos amazónicos, ciudades paulistas, ríos interiores y océanos vitales. ¡Qué delicia!
Este es uno de los párrafos de "Ser y fluir como río amazónico: poesía de Thereza Kolbe", mi ensayo de esta semana en la revista Suburbano. Escribirlo me llevó a revisitar ríos amazónicos, ciudades paulistas, ríos interiores y océanos vitales. ¡Qué delicia!
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| "Inundamos nuestras vidas con aguas de poesía" |
miércoles, 16 de mayo de 2018
Sobre amores intensos, fatídicos
"Ana se decidió a vivir el amor que quería. Intentó ser feliz en circunstancias adversas. No esperó a que otros le aprobaran el amor para intentar disfrutarlo". La extraño. Extraño su pasión, su valentía, su entereza. Aquí va mi explicación en mi ensayo cortico titulado "Última tarde con Ana Karénina", publicado la semana pasada en la revista Suburbano.
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| Ana Karénina, Ballet de San Petersburgo (Foto: Jack Devant) |
jueves, 26 de abril de 2018
Suburbano: "No tener, ser"
No tener nada, ser todo: consejo que la Vida me ha dado una y otra vez, al dejar irse libre a quien amo, al soltar lo que anhelo. No tenemos nada, ni a nadie. Sencillamente somos y si queremos y nos queremos, nos acompañamos.
Comparto mi segunda colaboración con la revista Suburbano, con este título extraído de un poema de Mia Couto, "No tener, ser". Mis colaboraciones seguirán publicándose quincenalmente, cada dos jueves. Esto me alegra e ilusiona.
Comparto mi segunda colaboración con la revista Suburbano, con este título extraído de un poema de Mia Couto, "No tener, ser". Mis colaboraciones seguirán publicándose quincenalmente, cada dos jueves. Esto me alegra e ilusiona.
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| Niñas jugando en Ayacucho: no se tienen, son amigas y hermanas (Foto: Yanina Patricio) |
jueves, 19 de abril de 2018
Amor Suburbano
Me alegra compartir mi primera colaboración con la revista literaria Suburbano, editada en Miami por un peruano pero con proyección al mundo de letras Hispanoamericano. Es un texto cortico pero lleno de sentimiento: "'El amor, tal vez: leyendo a Mia Couto en Manhattan'". A principios de este año me propuse encontrar nuevos espacios para publicar un poquito de lo que escribo. Las nuevas colaboraciones quincenales que aparecerán Suburbano son para mí un honroso y alegre paso. Lo comparto aquí, un espacio más bien íntimo y anónimo. Si alguien lo lee, es un milagro, como el verde iluminarse de una vagalume o luciérnaga en la oscuridad nocturna del campo. ¡Salud!
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| Poemario Vagas e Lumes en una tarde de verano tardío |
lunes, 5 de febrero de 2018
Deseos y felicidad
Mientras bordeaba el Lago Prospect hoy al atardecer, recordé una oración perspicaz escrita por Tolstoy en Ana Karénina.
En un punto de la trama, Ana y Vronsky se han jugado ya por su amorío y aunque viven momentos de alegría también sobrellevan momentos de frustración y tristeza. El narrador entonces observa que los personajes han cometido el mismo error que cometen todas las personas en algún momento de su vida: pensar que la felicidad consiste en la satisfacción de todos sus deseos.
Aunque sentí compasión por Ana y Vronsky, me impactó la perspicacia de Tolstoy. Su oración es sencilla pero certera. En vez de juzgar a los personajes, cuando la leí pensé en mis propias confusiones en varios momentos de mi vida.
Hoy la recordé al meditar a la orilla del lago después del día de clases. ¿Cuántas veces he pensado que la satisfacción de algún deseo intenso aumentaría mi felicidad? Algunas veces he descubierto, sin embargo, que un deseo satisfecho no me ha traído la felicidad que esperaba. Otras veces, el incumplimiento de un anhelo se ha convertido, con el paso del tiempo, en una bendición.
Aunque a veces podés preverlo, nunca sabés con certeza adónde conducirán tus deseos y anhelos. Algunas filosofías recomiendan no anhelar, ni desear. Yo no voy tan lejos. Anhelar, desear y arriesgar por lo que querés es parte de una vida plena. Pero tenés que mantener presente que la felicidad no consiste en el cumplimiento pleno de tu voluntad. Si un deseo no se te da, tenés que dejarlo ir aunque te duela. Si se te da y descubrís que te has equivocado, reconocelo y perdonate. Si se te cumple y es bueno, agradecé a la Vida.
En un punto de la trama, Ana y Vronsky se han jugado ya por su amorío y aunque viven momentos de alegría también sobrellevan momentos de frustración y tristeza. El narrador entonces observa que los personajes han cometido el mismo error que cometen todas las personas en algún momento de su vida: pensar que la felicidad consiste en la satisfacción de todos sus deseos.
Aunque sentí compasión por Ana y Vronsky, me impactó la perspicacia de Tolstoy. Su oración es sencilla pero certera. En vez de juzgar a los personajes, cuando la leí pensé en mis propias confusiones en varios momentos de mi vida.
Hoy la recordé al meditar a la orilla del lago después del día de clases. ¿Cuántas veces he pensado que la satisfacción de algún deseo intenso aumentaría mi felicidad? Algunas veces he descubierto, sin embargo, que un deseo satisfecho no me ha traído la felicidad que esperaba. Otras veces, el incumplimiento de un anhelo se ha convertido, con el paso del tiempo, en una bendición.
Aunque a veces podés preverlo, nunca sabés con certeza adónde conducirán tus deseos y anhelos. Algunas filosofías recomiendan no anhelar, ni desear. Yo no voy tan lejos. Anhelar, desear y arriesgar por lo que querés es parte de una vida plena. Pero tenés que mantener presente que la felicidad no consiste en el cumplimiento pleno de tu voluntad. Si un deseo no se te da, tenés que dejarlo ir aunque te duela. Si se te da y descubrís que te has equivocado, reconocelo y perdonate. Si se te cumple y es bueno, agradecé a la Vida.
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| Soltando anhelos incumplidos a la orilla del Lago Prospect |
jueves, 28 de septiembre de 2017
Crónica de un amor
Aquí va mi crónica de esta semana, Amor Clarice en Prospect Park. Quizá me paso de romántico. Así soy: por eso he insistido en leer los libros de Clarice Lispector aunque me haya costado tantas vicisitudes terminarlos. Es una forma de amarla y amar sus letras.
Pero quizá así somos todos en mi familia. Anto me escribió con respecto a esta crónica: "Hasta ahora termino de leerla. Con mil interrupciones que tuve que vencer. Muy simbólico porque veo que el amor es tan poderoso que hay siempre fuerzas de oposición que pretenden distraerlo. Pero el verdadero amor siempre vence. Siempre surge de entre las hierbas del montazal que tratan de ahogarlo y se eleva como el árbol más alto de la tierra. El que ama se levanta con señorío y fuerza. Amemos, seamos alegres".
Osea, como romántico estoy bien acompañado por Anto. También por Clarice.
Ma me preguntó sobre la traducción de la cita en portugués al final de la crónica. Aquí va:
"Mi única salvación es la alegría (...) Me rehuso a ponerme triste. Seamos alegres (...) Soy alegre en este mismo instante porque me rehuso a ser vencida. Entonces amo. Como respuesta. Amor impersonal, amor it, es alegría. Incluso el amor que no prospera. Incluso el amor que termina".
Lo dicho: esto es cosa de románticos. Se deja ir un amor que no va a prosperar y uno escoge seguir amando y ser alegre haciéndolo.
Pero quizá así somos todos en mi familia. Anto me escribió con respecto a esta crónica: "Hasta ahora termino de leerla. Con mil interrupciones que tuve que vencer. Muy simbólico porque veo que el amor es tan poderoso que hay siempre fuerzas de oposición que pretenden distraerlo. Pero el verdadero amor siempre vence. Siempre surge de entre las hierbas del montazal que tratan de ahogarlo y se eleva como el árbol más alto de la tierra. El que ama se levanta con señorío y fuerza. Amemos, seamos alegres".
Osea, como romántico estoy bien acompañado por Anto. También por Clarice.
Ma me preguntó sobre la traducción de la cita en portugués al final de la crónica. Aquí va:
"Mi única salvación es la alegría (...) Me rehuso a ponerme triste. Seamos alegres (...) Soy alegre en este mismo instante porque me rehuso a ser vencida. Entonces amo. Como respuesta. Amor impersonal, amor it, es alegría. Incluso el amor que no prospera. Incluso el amor que termina".
Lo dicho: esto es cosa de románticos. Se deja ir un amor que no va a prosperar y uno escoge seguir amando y ser alegre haciéndolo.
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| Clarice Lispector |
lunes, 24 de julio de 2017
Noche de domingo con Rosario y Federico
Si no me pongo vivo, este verano boreal se me va a escapar sin que consiga consiga leer literatura a gusto. Comencé bien con Morreste-me, una novelita muy poética de José Luis Peixoto
que me mandó mi Sol matinal desde Lisboa. Me deleité en leer su
ejemplar porque lo heredó de una amiga a quien se lo autografió el
autor, un ejemplar que ha andado por tres continentes al menos. Pero
luego entre seminarios, libro y ensayos no he podido leer a gusto.
Basta. A ponerme vivo que se me está esfumando el verano. Esta noche de domingo decidí no permitirlo. Aunque mucho trabajo me falte para el próximo mes, me puse a ojear los estantes de mi bibliotecas. ¿Qué leer a partir de ahora?
El fin de semana pasado, en la noche de La Libélula, leí Bodas de sangre de Federico García Lorca pues ando un poco apasionado por su poesía trágica desde que vi la película La novia en el Cine Magaly. Así que me decidí por dos poemarios suyos, Poeta en Nueva York y El Diván del Tamarit. Desde el verano pasado también quiero leer más de Rosario Castellanos, así que escogí Poesía no eres tú y su comedia teatral El eterno femenino. Y no se puede más, porque sigo teniendo deberes de filósofo, así que con Federico y Rosario andaré por el resto del verano, escogiendo poemas según los títulos y mi ánimo del momento. Basta de sistema.
El fin de semana pasado, en la noche de La Libélula, leí Bodas de sangre de Federico García Lorca pues ando un poco apasionado por su poesía trágica desde que vi la película La novia en el Cine Magaly. Así que me decidí por dos poemarios suyos, Poeta en Nueva York y El Diván del Tamarit. Desde el verano pasado también quiero leer más de Rosario Castellanos, así que escogí Poesía no eres tú y su comedia teatral El eterno femenino. Y no se puede más, porque sigo teniendo deberes de filósofo, así que con Federico y Rosario andaré por el resto del verano, escogiendo poemas según los títulos y mi ánimo del momento. Basta de sistema.
sábado, 6 de mayo de 2017
Cuentos nunca contados
Haber conocido a Enriqueta, la tortuga coqueta, me recordó a mis amigos de La Libélula y otros lugares en Tiquicia: Homero el carpintero, Alejo el cangrejo bermejo, el gallo Yayo, la gallina Gina (inmigrante italiana), el congo Mongo, la hormiga Amiga, el sapo Papo, la ranita Rita, la ardilla Yiya y sus amiguitos. Hace años a veces me daba por inventar cuentos y contárselos a mi Luna mientras cocinábamos. Ella me miraba con sus ojos negros y juguetones. Una vez me dijo: --Tú lo que necesitas es una hija como excusa para jugar tus juegos y contar tus cuentos--. Ya pasaron ocho años desde entonces.
miércoles, 26 de abril de 2017
Cuatro rayos de Sol
Llevamos una racha de días plomizos y lluviosos. Parece que Primavera decidió contrastar la alegría de los cerezos y las magnolias en flor con las lágrimas del cielo. Hoy tuve que sacar más energía de mi interior para motivar a los muchachos en las clases. Parece que escasea su luz. Quizá por el esfuerzo, regresé exhausto a casa. Venía directo a echarme un sueñito relámpago para revivir. Pero al llegar a mi cuevita, me esperaba un paquete despachado desde el correo en el otro lado del Atlántico. Sentí que se me iluminaba el rostro. Adentro, hallé cuatro libros: un poemario y una novela del mozambiqueño Mia Couto y dos obras del portugués José Luís Peixoto. Dentro de cada libro, una notita escrita a mano, con caligrafía delicada y juguetona, me contaba la historia de ese ejemplar. Recibí por gracia de la Vida cuatro rayos de Sol para iluminar el fin de una tarde gris.
viernes, 17 de marzo de 2017
"Como una brizna de hierba"
En la obra Bodas de Sangre de García Lorca, la novia le dice a su amante Leonardo:
¡Ay que sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
Alguna vez se lo escuché decir yo a una palentina amante de la poesía. Quizá era sincera. Yo le creí. Pero las briznas de hierba, para trotar mundo con su amante, dependen del viento. Cuando éste cesa, ellas caen sobre desolados campos. El amante las mira caer y, quieto y en silencio, triste queda y frío siente. Tiempo después le sirven las secas brizas para encender su fogata, calentarse y disfrutar su libertad a la intemperie, escuchando el silbido del viento bajo el amplio cielo estrellado.
¡Ay que sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
Alguna vez se lo escuché decir yo a una palentina amante de la poesía. Quizá era sincera. Yo le creí. Pero las briznas de hierba, para trotar mundo con su amante, dependen del viento. Cuando éste cesa, ellas caen sobre desolados campos. El amante las mira caer y, quieto y en silencio, triste queda y frío siente. Tiempo después le sirven las secas brizas para encender su fogata, calentarse y disfrutar su libertad a la intemperie, escuchando el silbido del viento bajo el amplio cielo estrellado.
lunes, 20 de febrero de 2017
Bodas de sangre con una Boddingtons
El sábado decidí leer, escribir un poquito y quedarme tranquilo en mi casa. Por la noche me serví una trigueña inglesa llamada Boddingtons y me dispuse a ver de nuevo La novia, de Paula Ortiz, cinta basada en las Bodas de sangre de Federico García Lorca.
La primera vez la vi en la sala del Magaly, en San José. Aluciné en el cine y la ponderé después. Esta vez la vi en mi cuevita brooklyniana y me hipnotizó. Después me quedé sin palabras. ¿Qué decir después de que la novia exclama?:
¡Ay que sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
Solo atiné a mirar varias veces más la escena en la que se enfrentan el novio y Leonardo por la novia mientras Soledad Vélez canta el poema "Pequeño vals vienés" del maestro García Lorca. Me gusta casi tanto como la interpretación de Silvia Pérez Cruz.
Miré la escena y pensé que en épocas más confusas, sin quererlo, arrastrado por las pasiones, he sido el novio o Leonardo o la novia. A veces, he sido dos de los tres personajes al mismo tiempo. Otras veces he presenciado esa dinámica lorquiana de cerca: demasiado cerca. Sentí por los personajes. Al menos yo estoy vivo, libre y no me arrastra corriente de oscuras aguas. Sol acariciándome, me baño en cristalinas aguas de reposo. Llegará la hora de zambullirme de nuevo pero espero saber nadar en aguas diáfanas como las del Pacuare, aunque haya rocas y rápidos. Hasta entonces: ¡Salú! A los momentos felices, como una novia guapa cantando "La Tarara", también de Lorca!
La primera vez la vi en la sala del Magaly, en San José. Aluciné en el cine y la ponderé después. Esta vez la vi en mi cuevita brooklyniana y me hipnotizó. Después me quedé sin palabras. ¿Qué decir después de que la novia exclama?:
¡Ay que sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
Solo atiné a mirar varias veces más la escena en la que se enfrentan el novio y Leonardo por la novia mientras Soledad Vélez canta el poema "Pequeño vals vienés" del maestro García Lorca. Me gusta casi tanto como la interpretación de Silvia Pérez Cruz.
Miré la escena y pensé que en épocas más confusas, sin quererlo, arrastrado por las pasiones, he sido el novio o Leonardo o la novia. A veces, he sido dos de los tres personajes al mismo tiempo. Otras veces he presenciado esa dinámica lorquiana de cerca: demasiado cerca. Sentí por los personajes. Al menos yo estoy vivo, libre y no me arrastra corriente de oscuras aguas. Sol acariciándome, me baño en cristalinas aguas de reposo. Llegará la hora de zambullirme de nuevo pero espero saber nadar en aguas diáfanas como las del Pacuare, aunque haya rocas y rápidos. Hasta entonces: ¡Salú! A los momentos felices, como una novia guapa cantando "La Tarara", también de Lorca!
lunes, 13 de febrero de 2017
¿Ulises yo?
Esta tarde de lunes feriado, mientras lavaba dos semanas y pico de ropa en la lavandería china de Prospect Park West, continué mi lectura de la Odisea. Telémaco ha llegado hasta el reino de Menelao en busca de pistas sobre el paradero de su padre Ulises, desaparecido al regresar de la guerra de Troya. Mientras tanto en Ítaca, Penélope, madre de Telémaco y mujer del ingenioso Ulises, sufre por el peligro que corre la vida de su hijo, habiendo perdido ya a su esposo, corazón de león. Mientras tanto yo, en la lavandería, hice una pausa, cerré el libro, miré gente pasar por la acera y se me vino un pensamiento-sentimiento de repente al pecho: ¿estaré en realidad leyendo la Odisea para saber si yo haría vida de Ulises peripatético, zarpando de Ítaca pero anhelando siempre el momento de volver a casa con Penélope y Telémaco? ¿Podría ser una variante de vida peripatética? Abrí el libro y continué leyendo.
domingo, 12 de febrero de 2017
Cuento y poesía con M en la Greenlight
Nos encontramos en las escaleras de entrada a la Brooklyn Academy of Music en Fort Greene. Llegó media hora atrasada y se disculpó varias veces. "Pero así son los trenes los sábados en Nueva York y además, yo soy latinoamericano, no japonés", pensé. En realidad, la miraba con admiración pues de camino a BAM yo había leído el cuentico que publicó hace poco en una revista literaria de la U. Es breve y escrito en primera persona. El narrador cuenta su experiencia llevando el cuerpo de su padre recién fallecido de un extremo al otro de Bangladés para el funeral. Mientras tanto, su novia en el extranjero le envía textos de aliento y amor. Pero son textos sin sentido para él: ¿qué entiende ella, allá en Brooklyn, de su dolor y su crisis y las responsabilidades familiares que se le vienen encima? Al leerlo, poco a poco me fui dando cuenta de que M había escrito el cuento desde la perspectiva de su ex-novio. Lo escribió con gran sensibilidad y perspicacia. Esta muchacha, cuando deje de lado la idea de ser médica (¡las familias asiáticas y su obsesión con que los hijos sean médicos!) y se dedique a escribir, va a ser buena narradora. Pero está bien que ensaye y viva los procesos que tiene que vivir. En todo caso, por esa sensibilidad suya yo la miraba con cariño.
No dije nada de lo que pensaba, pero sí elogié el cuento mientras caminábamos hasta la librería Greenlight. Ella quería comprarle un poemario de regalo a un amigo poeta, así que entramos directo a la sección de poesía. Estuvimos ojeando largo rato la colección y comentando poemarios, poetas y poetisas. Me llamaron la atención dos títulos: The Rain in Portugal de Billy Collins y Eros the Bittersweet de Anne Carson.
A la portada y contraportada del primero les saqué foto y las mandé a Lisboa. Collins es neoyorquino. Sus poemas sencillos pero profundos, claros y sensibles, a veces tiernos, otras graciosos, otras tristes, me recuerdan los de nuestro yorugua Mario Benedetti. Le leí uno a M, "The Problem with Poetry" y nos reímos mucho. El problema con la poesía es que te hacer querer leer más poesía y después te da por escribir y eso nunca se va a acabar.
Carson es canadiense. No la conocía pero me llamo la atención su librito porque el semestre pasado di un seminario sobre el Amor (Eros), comenzando con el Banquete de Platón. Por dicha no conocía a Carson porque me dio chance de esbozar algunas ideas propias sin sentirme apabullado: a veces veo que ya hay tanta belleza escrita que me dan ganas de callarme y no escribir nunca más, solo escuchar. En todo caso, ahora quiero leer el librito de Carson. Otro título más a la lista. Quizá algún día llegue a él. Eso sí, fui disciplinado y no compré ninguno de los dos libros. Ya tengo bastantes libros sobre el parlante de mi equipo de sonido que funge como mi mesa de noche. Hasta el verano, cuando esté libre, decidiré. M se decidió, con mi entusiasta apoyo, por el poemario Ariel de Sylvia Plath. Satisfechos con la decisión y huyendo de la tentación de comprar más libros, nos fuimos a tomar un café.
Todos los cafés de Fort Greene estaban abarrotados. Al final optamos por Hungry Ghost. Estaba abarrotado también pero afuera había unas banquitas y la temperatura estaba en 5 centígrados, suficiente para conversar un ratico con un café calientico. Pedí un café americano y un croissant y me hicieron un cappuccino. No importaba. Salimos. Mientras la gente caminaba p'acá y p'allá frente a nosotros, le conté a M porqué la Eneida es mi libro de cabecera y porqué estoy leyendo la Odisea justo ahora. Lo segundo es porque tengo un compa tico, al cual llamo Lorca, que se pasa escribiendo poemas en un chat de compas de whatsapp, porque viaja por toda Costa Rica por trabajo y se la pasa extrañando a la esposa y los hijos. Me recuerda a Ulises. Por tanto, me decidí la semana pasada a leer la Odisea. En esas ando.
Luego volvimos al tema de su cuento. Le pregunté a M como se siente tras la ruptura con su novio de tantos años. Todavía anda golpeada. Claro. La escuché un buen rato. En estos casos, realmente, no tengo nada que decir. Sólo sé escuchar.
No dije nada de lo que pensaba, pero sí elogié el cuento mientras caminábamos hasta la librería Greenlight. Ella quería comprarle un poemario de regalo a un amigo poeta, así que entramos directo a la sección de poesía. Estuvimos ojeando largo rato la colección y comentando poemarios, poetas y poetisas. Me llamaron la atención dos títulos: The Rain in Portugal de Billy Collins y Eros the Bittersweet de Anne Carson.
A la portada y contraportada del primero les saqué foto y las mandé a Lisboa. Collins es neoyorquino. Sus poemas sencillos pero profundos, claros y sensibles, a veces tiernos, otras graciosos, otras tristes, me recuerdan los de nuestro yorugua Mario Benedetti. Le leí uno a M, "The Problem with Poetry" y nos reímos mucho. El problema con la poesía es que te hacer querer leer más poesía y después te da por escribir y eso nunca se va a acabar.
Carson es canadiense. No la conocía pero me llamo la atención su librito porque el semestre pasado di un seminario sobre el Amor (Eros), comenzando con el Banquete de Platón. Por dicha no conocía a Carson porque me dio chance de esbozar algunas ideas propias sin sentirme apabullado: a veces veo que ya hay tanta belleza escrita que me dan ganas de callarme y no escribir nunca más, solo escuchar. En todo caso, ahora quiero leer el librito de Carson. Otro título más a la lista. Quizá algún día llegue a él. Eso sí, fui disciplinado y no compré ninguno de los dos libros. Ya tengo bastantes libros sobre el parlante de mi equipo de sonido que funge como mi mesa de noche. Hasta el verano, cuando esté libre, decidiré. M se decidió, con mi entusiasta apoyo, por el poemario Ariel de Sylvia Plath. Satisfechos con la decisión y huyendo de la tentación de comprar más libros, nos fuimos a tomar un café.
Todos los cafés de Fort Greene estaban abarrotados. Al final optamos por Hungry Ghost. Estaba abarrotado también pero afuera había unas banquitas y la temperatura estaba en 5 centígrados, suficiente para conversar un ratico con un café calientico. Pedí un café americano y un croissant y me hicieron un cappuccino. No importaba. Salimos. Mientras la gente caminaba p'acá y p'allá frente a nosotros, le conté a M porqué la Eneida es mi libro de cabecera y porqué estoy leyendo la Odisea justo ahora. Lo segundo es porque tengo un compa tico, al cual llamo Lorca, que se pasa escribiendo poemas en un chat de compas de whatsapp, porque viaja por toda Costa Rica por trabajo y se la pasa extrañando a la esposa y los hijos. Me recuerda a Ulises. Por tanto, me decidí la semana pasada a leer la Odisea. En esas ando.
Luego volvimos al tema de su cuento. Le pregunté a M como se siente tras la ruptura con su novio de tantos años. Todavía anda golpeada. Claro. La escuché un buen rato. En estos casos, realmente, no tengo nada que decir. Sólo sé escuchar.
lunes, 26 de septiembre de 2016
Adoptar una perspectiva portuguesa desde el Cabo da Roca
El Cabo
da Roca es el punto más occidental del continente europeo. Nos
acercamos al mirador a contemplar los acantilados de la costa y el vasto
océano Atlántico. A nuestros pies, allá al fondo del precipicio, el agua esmeralda rompe en oleadas
contra piedras negras. El viento sopla fortísimo y parece que podría
llevarnos como frágiles hojitas de arbusto enano. El Atlántico se
extiende frente a nosotros y nos disminuye tanto que parece infinito. Se
entiende por qué la cita de Camões, el padre literario de la lengua
lusitana, en el monumento cercano, dice que en ese cabo se acaba la tierra. Quien hace siglos se hubiera parado
ahí a contemplar el horizonte donde se confunden mar, bruma y cielo,
podría haber sentido que se enfrentaba al infinito desconocido. Me percato
también del coraje, rayando en temeridad, que se necesitaba para
arrojarse a navegar por los océanos sin saber adónde llevarían.
Mi perspectiva es americana. Suelo contemplar el Atlántico en dirección oriental. Me alucina contemplarlo aquí en sentido contrario, en dirección occidental. Mientras siento el viento erizarme la piel y escucho el oleaje y observo el horizonte desde el Cabo da Roca entiendo también el verso de Fernando Pessoa, en el primer poema de su poemario Mensagem, que dice que Portugal es el rostro con el cual Europa mira hacia occidente. El pasado mirando su futuro. Europa mirando a América. Me enriquece cambiar de perspectiva, mirar con nuevos ojos engarzados en un rostro ajeno.
Mi perspectiva es americana. Suelo contemplar el Atlántico en dirección oriental. Me alucina contemplarlo aquí en sentido contrario, en dirección occidental. Mientras siento el viento erizarme la piel y escucho el oleaje y observo el horizonte desde el Cabo da Roca entiendo también el verso de Fernando Pessoa, en el primer poema de su poemario Mensagem, que dice que Portugal es el rostro con el cual Europa mira hacia occidente. El pasado mirando su futuro. Europa mirando a América. Me enriquece cambiar de perspectiva, mirar con nuevos ojos engarzados en un rostro ajeno.
jueves, 10 de septiembre de 2015
Tras tres días brooklynianos
Llego de madrugada un martes y me lleva a casa una taxista mexicana. Pura vida es ella. De camino hay un gravísimo accidente en el Beltway. La presa es interminable y demoramos el triple del tiempo habitual para llegar a casa. Pero gracias a la Vida y a mi paisana latina llego bien al barrio de Kensington y a mi cuevita, sin accidentes. Duermo un rato y al mediodía ya estoy en reunión y tras quince minutos pienso: "Qué bostezo!" Luego, por la tarde, preparo las clases. Eso sí me ilusiona, aunque sean sobre Sócrates el necio y Kant el prusiano.
El miércoles camino bajo un sol picante, sintiendo el calor asfixiante, hasta la U. Agrede el sol. Pero conocer a los alumnos/as me ilusiona y ya en la clase disfruto con ellos/as, "vacilando" al pesado de Sócrates y compandeciéndonos de Kant, el cuadrado.
Al final de la tarde me voy de compras a regañadientes, todavía sintiendo la asfixia causada por el cemento y el asfalto hirviendo. No encuentro lo que busco. Pppfff. El tren G me lleva a casa. Al hacer la cena, me siento exhausto. Pero recibo un paquete tuyo que incluye el libro de "tu" Jaime y leo el poema que me dedicás y me siento feliz.
El jueves llueve a cántaros mientras camino a la U y aún hace calor sofocante. Siento que estoy caminando en el Caribe tico, bajo la lluvia y en medio de una cortina espesa de humedad. Llego a la U sudado y con los pies empapados. Pero de todos modos con los/as muchachos/as me divierto. Pobre Kant, se tomaba tan en serio sus rigideces. Era buena gente pero demasiado cuadrado. Aunque claro, seguro yo soy demasiado cuadrado para otros. Ah.
Al regresar a casa, se viene el aguacero. Entonces decido irme en bus. Pero las presas en la avenida J son interminables y me exaspero. Prefiero caminar aunque me empape. Me bajo del bus. A pie avanzo más rapido hacia el oeste que los pobres tipos y tipas que se agreden mutuamente en sus carros, y nos agreden a los peatones, a bocinazos. Entro a la estación de la Avenida J y agarro el tren Q al norte hasta Cortelyou.
Me bajo más tranquilo. Camino a casa bajo la lluvia. Me tienta entrar al bar Sycamore, ese que frecuentaba con mi compa canadiense, a tomar una birra. Pero mi compa se fue al Japón y no quiero extrañarlo y la verdad prefiero llegar a casa. Cuando lo hago, estoy empapado. Pero pongo la música de José González que me regalaste, aquella que escuchamos juntos una mañana de domingo, y la oigo mientras me tomo una birrita inglesa. Entonces todo me parece pura vida tras tres días brooklynianos.
El miércoles camino bajo un sol picante, sintiendo el calor asfixiante, hasta la U. Agrede el sol. Pero conocer a los alumnos/as me ilusiona y ya en la clase disfruto con ellos/as, "vacilando" al pesado de Sócrates y compandeciéndonos de Kant, el cuadrado.
Al final de la tarde me voy de compras a regañadientes, todavía sintiendo la asfixia causada por el cemento y el asfalto hirviendo. No encuentro lo que busco. Pppfff. El tren G me lleva a casa. Al hacer la cena, me siento exhausto. Pero recibo un paquete tuyo que incluye el libro de "tu" Jaime y leo el poema que me dedicás y me siento feliz.
El jueves llueve a cántaros mientras camino a la U y aún hace calor sofocante. Siento que estoy caminando en el Caribe tico, bajo la lluvia y en medio de una cortina espesa de humedad. Llego a la U sudado y con los pies empapados. Pero de todos modos con los/as muchachos/as me divierto. Pobre Kant, se tomaba tan en serio sus rigideces. Era buena gente pero demasiado cuadrado. Aunque claro, seguro yo soy demasiado cuadrado para otros. Ah.
Al regresar a casa, se viene el aguacero. Entonces decido irme en bus. Pero las presas en la avenida J son interminables y me exaspero. Prefiero caminar aunque me empape. Me bajo del bus. A pie avanzo más rapido hacia el oeste que los pobres tipos y tipas que se agreden mutuamente en sus carros, y nos agreden a los peatones, a bocinazos. Entro a la estación de la Avenida J y agarro el tren Q al norte hasta Cortelyou.
Me bajo más tranquilo. Camino a casa bajo la lluvia. Me tienta entrar al bar Sycamore, ese que frecuentaba con mi compa canadiense, a tomar una birra. Pero mi compa se fue al Japón y no quiero extrañarlo y la verdad prefiero llegar a casa. Cuando lo hago, estoy empapado. Pero pongo la música de José González que me regalaste, aquella que escuchamos juntos una mañana de domingo, y la oigo mientras me tomo una birrita inglesa. Entonces todo me parece pura vida tras tres días brooklynianos.
sábado, 27 de junio de 2015
Personas de la guarda
Macabea, la protagonista de A Hora da Estrela, es una muchacha alagoana, emigrada a Río de Janeiro, que por su sencillez parece insignificante. Vive como si no existiese para los demás. Y sin embargo tiene el impulso vital, un tanto inconsciente, de quien espera un día tener esperanza: "Oyó en Radio Reloj que había siete millardos de personas en el mundo. Ella se sentía perdida. Pero con la tendencia que tenía a ser feliz, pronto se consoló: había siete millardos de personas para ayudarle".
Cuando leo esta oración bajo la sombra de mi cedro en Prospect Park, me detengo a ponderarla. Serían siete millardos de personas de la guarda. Entonces pienso en tantas personas-ángel que he tenido en mi vida. Una de ellas nació en Chile hoy hace algunos años. De niña emigró a Costa Rica con su familia y, felizmente para mí, cuando ingresé a la secundaria me estaba esperando para adoptarme como su hermanito. En el cole me "chineaba" y me ofrecía su amistad porque sí, porque le nacía. Desde entonces me ha seguido cuidando, en la presencia o en su corazón.
Gracias. Como canta tu paisana: "Gracias a la Vida, que me ha dado tanto". Felicidades.
Cuando leo esta oración bajo la sombra de mi cedro en Prospect Park, me detengo a ponderarla. Serían siete millardos de personas de la guarda. Entonces pienso en tantas personas-ángel que he tenido en mi vida. Una de ellas nació en Chile hoy hace algunos años. De niña emigró a Costa Rica con su familia y, felizmente para mí, cuando ingresé a la secundaria me estaba esperando para adoptarme como su hermanito. En el cole me "chineaba" y me ofrecía su amistad porque sí, porque le nacía. Desde entonces me ha seguido cuidando, en la presencia o en su corazón.
Gracias. Como canta tu paisana: "Gracias a la Vida, que me ha dado tanto". Felicidades.
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