En el patio de luz de nuestra casa familiar me han dado la bienvenida dos calas blancas, bailarinas resplandecientes en medio del verde de las plantas. Y en mi jardín me aguardaban varias angelitas albas, almas amorosas florecidas en la bougainvillea veranera. Estoy en casa, el refugio desde el que se hace posible emprender mi vida peripatética.
domingo, 9 de abril de 2017
sábado, 8 de abril de 2017
Dos momentos de bienvenida al Istmo
一
Ha amanecido en Tocumén. El sol matinal ilumina la verde planicie tropical y los cerros azules en la medianía. Es Asahi que ha venido a Panamá a darme la bienvenida a Centroamérica, este puentecito de tierra que une mundos, Sur y Norte, Atlántico y Pacífico.
二
Al ver las verdes montañas y mi valle al descender y aterrizar, sentí un calorcito de alegría en el pecho. Es bueno saber que hay gente esperándome también. Esta vez me han recibido Anto y mi cuñado en el aeropuerto. A mi hermana, la Negrita, le he dado un buen abrazo. En el trayecto de Alajuela a San José el tránsito en la autopista es lento por los trabajos de construcción de un puente. Pero esto me da la oportunidad de apreciar la intensidad púrpura de las flores veraneras y escuchar el cantar agudo y constante de miles de chicharras en una chacra que aún conserva sus chayoteras al lado de la autopista. Las bichitas aladas le cantan al sol tropical y al calor de abril. He llegado a casa.
Ha amanecido en Tocumén. El sol matinal ilumina la verde planicie tropical y los cerros azules en la medianía. Es Asahi que ha venido a Panamá a darme la bienvenida a Centroamérica, este puentecito de tierra que une mundos, Sur y Norte, Atlántico y Pacífico.
二
Al ver las verdes montañas y mi valle al descender y aterrizar, sentí un calorcito de alegría en el pecho. Es bueno saber que hay gente esperándome también. Esta vez me han recibido Anto y mi cuñado en el aeropuerto. A mi hermana, la Negrita, le he dado un buen abrazo. En el trayecto de Alajuela a San José el tránsito en la autopista es lento por los trabajos de construcción de un puente. Pero esto me da la oportunidad de apreciar la intensidad púrpura de las flores veraneras y escuchar el cantar agudo y constante de miles de chicharras en una chacra que aún conserva sus chayoteras al lado de la autopista. Las bichitas aladas le cantan al sol tropical y al calor de abril. He llegado a casa.
viernes, 7 de abril de 2017
Las luces del Verrazano a medianoche
Desde el taxi que me traía al aeropuerto vi las luces del puente Verrazano reflejarse en las aguas encrespadas de la desembocadura del río Hudson, allí donde "se abre ancha la mar". Parecían estrellas en un firmamento líquido y dinámico. Al alejarnos de la ribera cerré los ojos y contemplé la escena en mi mente. Me la llevaré conmigo cuando despegue mi vuelo. Esta isla rodeada de ríos, bahías y océano es también uno de mis hogares.
martes, 4 de abril de 2017
Asahi
¿Sabés? Caminé esta mañana gris y lluviosa, como tus ojos cuando estás triste, al lado del primer 桜 o sakura de esta primavera, un cerezo florido como tu sonrisa alegre. Y recordé que en japonés hay un verbo para el observar la belleza fugaz de la flor de los cerezos: 花見, Hanami. Y hay otra para el sol matinal cuyos fulgores dorados iluminan el nacer del día: 朝日, Asahi. Ya sé que nunca te he visto triste, ni sé si tus ojos humedecidos por las lágrimas parecen grises, ni te he observado saludar al sol matinal al iniciar su recorrido por el celeste camino del oriente al occidente. Imagino, sin embargo, tu sonrisa alegre al contemplar el 朝日en Kyushu e ir de 花見 por algún parque plantado de 桜 en Shikoku. Y ese pensamiento, mi propio 朝日, iluminó mi día.
lunes, 3 de abril de 2017
Primeros cantos, primeras flores
Hoy me sentía un poco golpeado. Dormí poco pues la noche del domingo se me ocurrió la excelente mala idea de ir al Irish Haven a escuchar a Niall Connolly y conocer a una pareja de amigos suyos que le visitaban, Mic y Lisa, un dublinés y una inglesa radicados en Cork. Yo ya había invitado a que llegaran al Haven a Wilman y los otros compas latinoamericanos que conocí allí la vez pasada, cuando fuimos con Emma y Paul.
Wilman llegó con Carli y J después de haber cenado en un chino del barrio. De repente en la audiencia había un grupo representando a Irlanda, Inglaterra, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana y México. Niall tocaba buena música y con esa variedad de procedencias y vidas había mucho tema para tratar. Wilman, por ejemplo, es luchador de artes marciales mixtas y vimos unos videos suyos peleando en las jaulas del Ultimate Fighting Championship. Mic es productor de radio y J huyó de las pandillas de Los Ángeles y tiene su propia barbería en Nueva York desde los diecisiete años. Carli no ha regresado a Dominicana desde que murió su mamá hace diez años. Me lo contó con tristeza, desviando la mirada al suelo. Mic y Lisa coincidieron tres veces en distintos lugares del mundo - Amsterdam, Dublín y Australia - antes de que se les ocurriera que el destino los estaba juntando. Me lo contó Lisa mirándome alegre con sus ojos color musgo.
Resultado: mi plan de tomar dos negras irlandesas escuchando hasta las 11 pm se convirtió en tres pintas y media (Niall me sirvió la mitad de la última suya) tertuliando hasta la 1:30 am.
Por eso me sentía golpeado hoy por la mañana. Pero no era sólo un mazazo físico. Era un poco anímico, andaba con las pilas bajas. Tuve que inventarme el espíritu para dar la clase de la mañana con energía. Después de almorzar, estaba cabeceando frente al computador. No tenía casco y corría el riesgo de romperme la frente de un "jupazo" contra el filo del escritorio. Entonces salí a caminar por el campus para respirar, despejar la "jupa" y animarme. Fue una excelente idea, de las buenas, no de las malas.
Vi dos robles jóvenes frente a la biblioteca que han comenzado a florecer. Sus florecillas son pequeñas y blancas, de largos estambres. Las primeras flores que atisbo esta primavera. Y escuché buena cantidad de gorriones y otros pájaros cantando. Ya en días anteriores había escuchado un gorrión en mi jardín y varios pájaros (desconocidos para mí) en el bosque primario de Prospect Park. Pero hoy fue el primer día en el que los pájaros la cantaban en coro a Primavera.
Apenas tuve diez minutos para salir de mi edificio de ladrillos rojos y arquitectura de universidad victoriana inglesa, el Boylan Hall. Pero los primeros cantos y las primeras flores me revitalizaron. Gracias, Primavera, por sacarme adelante en este día.
Wilman llegó con Carli y J después de haber cenado en un chino del barrio. De repente en la audiencia había un grupo representando a Irlanda, Inglaterra, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana y México. Niall tocaba buena música y con esa variedad de procedencias y vidas había mucho tema para tratar. Wilman, por ejemplo, es luchador de artes marciales mixtas y vimos unos videos suyos peleando en las jaulas del Ultimate Fighting Championship. Mic es productor de radio y J huyó de las pandillas de Los Ángeles y tiene su propia barbería en Nueva York desde los diecisiete años. Carli no ha regresado a Dominicana desde que murió su mamá hace diez años. Me lo contó con tristeza, desviando la mirada al suelo. Mic y Lisa coincidieron tres veces en distintos lugares del mundo - Amsterdam, Dublín y Australia - antes de que se les ocurriera que el destino los estaba juntando. Me lo contó Lisa mirándome alegre con sus ojos color musgo.
Resultado: mi plan de tomar dos negras irlandesas escuchando hasta las 11 pm se convirtió en tres pintas y media (Niall me sirvió la mitad de la última suya) tertuliando hasta la 1:30 am.
Por eso me sentía golpeado hoy por la mañana. Pero no era sólo un mazazo físico. Era un poco anímico, andaba con las pilas bajas. Tuve que inventarme el espíritu para dar la clase de la mañana con energía. Después de almorzar, estaba cabeceando frente al computador. No tenía casco y corría el riesgo de romperme la frente de un "jupazo" contra el filo del escritorio. Entonces salí a caminar por el campus para respirar, despejar la "jupa" y animarme. Fue una excelente idea, de las buenas, no de las malas.
Vi dos robles jóvenes frente a la biblioteca que han comenzado a florecer. Sus florecillas son pequeñas y blancas, de largos estambres. Las primeras flores que atisbo esta primavera. Y escuché buena cantidad de gorriones y otros pájaros cantando. Ya en días anteriores había escuchado un gorrión en mi jardín y varios pájaros (desconocidos para mí) en el bosque primario de Prospect Park. Pero hoy fue el primer día en el que los pájaros la cantaban en coro a Primavera.
Apenas tuve diez minutos para salir de mi edificio de ladrillos rojos y arquitectura de universidad victoriana inglesa, el Boylan Hall. Pero los primeros cantos y las primeras flores me revitalizaron. Gracias, Primavera, por sacarme adelante en este día.
sábado, 1 de abril de 2017
Una cantora y un filósofo en el Ó do Borogodó
Después del concierto de Miramar, la chilenita me presentó a Laura Ann Singh, la cantante del trío. Le dije a Laura que me encantó su interpretación de "Pétalas Esquecidas," que ya había escuchado otras pero la suya es especial. Eso cambió la conversación del inglés al portugués. Más rico así. Me preguntó dónde había escuchado esas versiones y le dije que en São Paulo.
--Ah, eu morei em São Paulo. Eu fui lá estudar com uma cantora de samba que está fazendo muito sucesso agora no Brasil, na França, na Alemanha e outros paises. Quál era o nome?--, me dijo.
--Fabiana Cozza--, adiviné pues sabía que la cantora paulistana anduvo por París y Berlín.
--Sim, era ela--, asintió sorprendida de que yo supiera el nombre de su maestra de samba.
Yo conocí la música de Fabiana Cozza por el cd Quando O Céu Clarear que me regaló Alex, uno de mis amigazos de Sampa desde siempre y el mejor de compas paulistanos cuando celebramos abrazados trinfos ticos en el Mundial 2014. Laura estuvo en Sampa estudiando interpretación de samba con Fabiana.
--Você esteve lá quando?--, le pregunté.
--Deixa eu pensar...acho que em 2005--, me respondió.
--Eu também. Então a gente esteve lá junto--.
Compartimos una risa cómplice pues estuvimos en São Paulo al mismo tiempo y en los mismos barrios paulistanos. Resultó que Laura anduvo por ahí cantando por la Vila Madalena, bailando samba de gafieira con la Banda Glória y escuchando rodas de samba en el bar Ó do Borogodó mientras yo hacía exactamente lo mismo.
--A gente de ter se cruzado várias vezes no caminho, né?--le dije.
--Até provavelmente bebemos uma cerveijinha juntos e não lembramos--.
Y sí, podría ser que nos cruzamos el paso y hasta estuvimos con alguna galera en algún boteco de la Vila Madalena o Pinheiros cantando y bailando juntos. Lo que pasa es que en aquellas noitadas bohemias mi musa era una garota de largos rizos negros, ojos color miel, sonrisa de amanecer, corazón de miel y sensibilidad poética. Esa garota me presentó a Cecília Meireles y me inspiró a escribir el único poema que intenté esbozar por aquellos años y que me encontré escrito en un papelito hace poco tiempo. De hecho el poemita lo escribí después de la primera noche de samba con Analúcia, su amiga Moranguinha y mi amigo Cass en el Ó do Borogodó.
Talvez Laura estuvo ahí esa misma noche. Talvez estuvo el día siguiente en la feirinha de sábado en la plaza Benedito Calixto, comiendo acarajé bahiano y escuchando chorinhos interpretados por los viejitos que se juntaban a tocar en roda en la feria.
"Ay Laurita, quantas saudades daqueles dias, né?", pensé. Pero no se lo dije porque vivimos en el presente, ella con su familia en Virginia y yo con mis cinco sentidos en Brooklyn, y aunque no nos conocimos en aquella época, nos conocimos doce años después, luego de un hermoso concierto de boleros puertorriqueños en Nueva York. ¡Qué linda es la Vida!
--Ah, eu morei em São Paulo. Eu fui lá estudar com uma cantora de samba que está fazendo muito sucesso agora no Brasil, na França, na Alemanha e outros paises. Quál era o nome?--, me dijo.
--Fabiana Cozza--, adiviné pues sabía que la cantora paulistana anduvo por París y Berlín.
--Sim, era ela--, asintió sorprendida de que yo supiera el nombre de su maestra de samba.
Yo conocí la música de Fabiana Cozza por el cd Quando O Céu Clarear que me regaló Alex, uno de mis amigazos de Sampa desde siempre y el mejor de compas paulistanos cuando celebramos abrazados trinfos ticos en el Mundial 2014. Laura estuvo en Sampa estudiando interpretación de samba con Fabiana.
--Você esteve lá quando?--, le pregunté.
--Deixa eu pensar...acho que em 2005--, me respondió.
--Eu também. Então a gente esteve lá junto--.
Compartimos una risa cómplice pues estuvimos en São Paulo al mismo tiempo y en los mismos barrios paulistanos. Resultó que Laura anduvo por ahí cantando por la Vila Madalena, bailando samba de gafieira con la Banda Glória y escuchando rodas de samba en el bar Ó do Borogodó mientras yo hacía exactamente lo mismo.
--A gente de ter se cruzado várias vezes no caminho, né?--le dije.
--Até provavelmente bebemos uma cerveijinha juntos e não lembramos--.
Y sí, podría ser que nos cruzamos el paso y hasta estuvimos con alguna galera en algún boteco de la Vila Madalena o Pinheiros cantando y bailando juntos. Lo que pasa es que en aquellas noitadas bohemias mi musa era una garota de largos rizos negros, ojos color miel, sonrisa de amanecer, corazón de miel y sensibilidad poética. Esa garota me presentó a Cecília Meireles y me inspiró a escribir el único poema que intenté esbozar por aquellos años y que me encontré escrito en un papelito hace poco tiempo. De hecho el poemita lo escribí después de la primera noche de samba con Analúcia, su amiga Moranguinha y mi amigo Cass en el Ó do Borogodó.
Talvez Laura estuvo ahí esa misma noche. Talvez estuvo el día siguiente en la feirinha de sábado en la plaza Benedito Calixto, comiendo acarajé bahiano y escuchando chorinhos interpretados por los viejitos que se juntaban a tocar en roda en la feria.
"Ay Laurita, quantas saudades daqueles dias, né?", pensé. Pero no se lo dije porque vivimos en el presente, ella con su familia en Virginia y yo con mis cinco sentidos en Brooklyn, y aunque no nos conocimos en aquella época, nos conocimos doce años después, luego de un hermoso concierto de boleros puertorriqueños en Nueva York. ¡Qué linda es la Vida!
Enamorarse con los boleros de Miramar
A la chilenita de los rizos castaños no la veía desde que tocó en Subrosa con Bio Ritmo, su grupo de salsa. Mensajeábamos pero ella andaba muy ocupada preparando el concierto de esta noche con Miramar, su grupo de bolero. Cuando escuché, entedí por qué. Miramar esta noche nos regaló a los dichosos en la audiencia una hora y media seguida de boleros bellísimos, interpretaciones deliciosas, arreglos originales, poesía cantada: un desaforo de belleza, vasta y profunda como el mar que evoca Mira-mar y el amor que invoca Mir-amar, sensual como el mar iluminado por un dorado sol que yo imaginaba mientras escuchaba.
Yo ya sabía que la chilenita en realidad es una pianista, organista, compositora y arreglista talentosa, y que a Miramar le dan pelota en NBC, NPR, CNN y esas cosas que ella no cuenta. Pero después de presenciar y escuchar el concierto que M. S.-A. montó, arregló y dirigió desde su piano esta noche, digo con orgullo que esta amiga mía es genial
Este concierto de Miramar era parte de la serie de conciertos de mi universidad, Live@365. Por ser un evento especial, contaban con una orquesta de gala. La chilenita en el piano y el órgano con Rei Álvarez y Laura Ann Singh en las voces son el alma, el trío. Esta noche los acompañaba el colombiano Sebastián Cruz, a quien conocí en Barbès, en guitarra y requinto, y Giustino Riccio en percusión. Y la delicia extraordinaria fueron las cuerdas: un contrabajo, un violoncello, una viola y dos violines. Excepto el contrabajista, todas las cuerdas las tocaban mujeres. Me pareció significativo porque el alma del concierto y del primer álbum de Miramar es un homenaje a la poeta y compositora puertorriqueña Silvia Rexach, una rebelde y bohemia de la que yo seguro me hubiera enamorado. Sobre todo si la hubera escuchado cantar.
Con toda esa orquesta a disposición, ricitos castaños hizo maravillas en los arreglos. Predominaron los boleros puertorriqueños, pero hubo viajes. Por ejemplo, Laura, cuyo primer amor es la música brasileña, interpretó "Pétalas Esquecidas" que yo conocía en la interpretación de Marisa Monte, ya de por sí una maravilla de delicadeza y sencillez - piano minimalista, guitarra, violoncello y voz. Pero lo de esta noche con Miramar no hay cómo describirlo: la chilenita en el piano, Tomeka Reid en el cello y la voz de Laura. Así ¿cómo no enamorarse de la Vida y la Belleza? Fue tal el desaforo que creo que viví una experiencia mística, experiencia que según mi tradición filosófica romántico-sensualista, es por un lado inefable y por el otro transformadora. La velada con Miramar fue inefable por la sensualidad total de la experiencia; transformadora pues ¿cómo no querer enamorarse de nuevo bailando un rico bolero? Enamorarse, por ejemplo, del mar y del sol al mismo tiempo, enamorarse libremente y siendo libre, sin pedirles nada ni atarse a ellos tampoco, porque las montañas me gustan también y a ellas también quiero entregarme. Mar y sol amar. Porque sí. Como amo la Vida.
Yo ya sabía que la chilenita en realidad es una pianista, organista, compositora y arreglista talentosa, y que a Miramar le dan pelota en NBC, NPR, CNN y esas cosas que ella no cuenta. Pero después de presenciar y escuchar el concierto que M. S.-A. montó, arregló y dirigió desde su piano esta noche, digo con orgullo que esta amiga mía es genial
Este concierto de Miramar era parte de la serie de conciertos de mi universidad, Live@365. Por ser un evento especial, contaban con una orquesta de gala. La chilenita en el piano y el órgano con Rei Álvarez y Laura Ann Singh en las voces son el alma, el trío. Esta noche los acompañaba el colombiano Sebastián Cruz, a quien conocí en Barbès, en guitarra y requinto, y Giustino Riccio en percusión. Y la delicia extraordinaria fueron las cuerdas: un contrabajo, un violoncello, una viola y dos violines. Excepto el contrabajista, todas las cuerdas las tocaban mujeres. Me pareció significativo porque el alma del concierto y del primer álbum de Miramar es un homenaje a la poeta y compositora puertorriqueña Silvia Rexach, una rebelde y bohemia de la que yo seguro me hubiera enamorado. Sobre todo si la hubera escuchado cantar.
Con toda esa orquesta a disposición, ricitos castaños hizo maravillas en los arreglos. Predominaron los boleros puertorriqueños, pero hubo viajes. Por ejemplo, Laura, cuyo primer amor es la música brasileña, interpretó "Pétalas Esquecidas" que yo conocía en la interpretación de Marisa Monte, ya de por sí una maravilla de delicadeza y sencillez - piano minimalista, guitarra, violoncello y voz. Pero lo de esta noche con Miramar no hay cómo describirlo: la chilenita en el piano, Tomeka Reid en el cello y la voz de Laura. Así ¿cómo no enamorarse de la Vida y la Belleza? Fue tal el desaforo que creo que viví una experiencia mística, experiencia que según mi tradición filosófica romántico-sensualista, es por un lado inefable y por el otro transformadora. La velada con Miramar fue inefable por la sensualidad total de la experiencia; transformadora pues ¿cómo no querer enamorarse de nuevo bailando un rico bolero? Enamorarse, por ejemplo, del mar y del sol al mismo tiempo, enamorarse libremente y siendo libre, sin pedirles nada ni atarse a ellos tampoco, porque las montañas me gustan también y a ellas también quiero entregarme. Mar y sol amar. Porque sí. Como amo la Vida.
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