miércoles, 26 de abril de 2017
Cuatro rayos de Sol
Llevamos una racha de días plomizos y lluviosos. Parece que Primavera decidió contrastar la alegría de los cerezos y las magnolias en flor con las lágrimas del cielo. Hoy tuve que sacar más energía de mi interior para motivar a los muchachos en las clases. Parece que escasea su luz. Quizá por el esfuerzo, regresé exhausto a casa. Venía directo a echarme un sueñito relámpago para revivir. Pero al llegar a mi cuevita, me esperaba un paquete despachado desde el correo en el otro lado del Atlántico. Sentí que se me iluminaba el rostro. Adentro, hallé cuatro libros: un poemario y una novela del mozambiqueño Mia Couto y dos obras del portugués José Luís Peixoto. Dentro de cada libro, una notita escrita a mano, con caligrafía delicada y juguetona, me contaba la historia de ese ejemplar. Recibí por gracia de la Vida cuatro rayos de Sol para iluminar el fin de una tarde gris.
martes, 25 de abril de 2017
Vivir los días sin sol
Hoy fue un gris, sin sol, frío, de lluvia pertinaz. Pero en vez de soñar e ilusionarme con días en que el sol me mime y acaricie, con días deliciosos que comiencen dorados por la gloriosa luz de Asahi-sama, acepté el día de hoy por lo que fue y me trajo: silencio, soledad, memorias de verdes jardines japoneses humedecidos por la garúa y la ocasión para leer The Awakening, de Kate Chopin, sin distracciones. Poco más. No hablé con nadie. No miré a nadie a los ojos para intercambiar nuestra luz. No abracé ni le estreché la mano a nadie. Pero días como este también hay que vivirlos para que cuando lleguen los otros, resplandecientes, pueda sentir las caricias del sol en mi piel con mayor deleite y gozarlas con mayor intensidad.
domingo, 23 de abril de 2017
Contacto a ritmo de cumbia
Ando inquieto. El martes por la noche estaba en mi cuevita en San José, conversando y compartiendo algunas cervezas portuguesas y ticas, negras y rubias, con Xinia, Moy, Jahel y la garota mineira. En el fondo, buena música: algo de samba, algo de folk gallego, algo de cumbia. Me sentía feliz. Me despidieron con abrazos fuertes.
Treinta y seis horas después estaba dando clases en Brooklyn, de vuelta a la rutina. Pero ya me sentía inquieto. El sentido del tacto me andaba reclamando. En Brooklyn miro, escucho, huelo, saboreo. Pero el tacto queda marginado. Toco pétalos de flores, cortezas de árboles, la tierra húmeda del parque. Pero otras personas no. Hay escasez de con-tacto humano en este contexto. Poco o nada. Ni jota.
Basta. El viernes salí supuestamente a escuchar folk irlandés. Pero mi cuerpo me pedía baile. Cambié de rumbo y me fui a Salzy a bailar con la música de Yotoco. Había bastantes muchachas dispuestas a bailonguear, por dicha, y en forma de con-tacto y sonrisas recibí alegría nacida en Puerto Rico, Los Ángeles y Nigeria, alegría llamada Karen, sabor llamado Niki, belleza llamada Chantelle. Mi sentido del tacto me lo agradeció.
Esta noche Yotoco se presenta en una fiesta colombiana en Subrosa. Yo mañana doy clases y de por sí tengo mucho qué hacer. Pero lo más importante en este momento es complacer al tacto. Esta noche seré hedonista y no eudaimoniano. Cultivar la excelencia del alma será para otra noche. Voy p'allá a bailar.
Treinta y seis horas después estaba dando clases en Brooklyn, de vuelta a la rutina. Pero ya me sentía inquieto. El sentido del tacto me andaba reclamando. En Brooklyn miro, escucho, huelo, saboreo. Pero el tacto queda marginado. Toco pétalos de flores, cortezas de árboles, la tierra húmeda del parque. Pero otras personas no. Hay escasez de con-tacto humano en este contexto. Poco o nada. Ni jota.
Basta. El viernes salí supuestamente a escuchar folk irlandés. Pero mi cuerpo me pedía baile. Cambié de rumbo y me fui a Salzy a bailar con la música de Yotoco. Había bastantes muchachas dispuestas a bailonguear, por dicha, y en forma de con-tacto y sonrisas recibí alegría nacida en Puerto Rico, Los Ángeles y Nigeria, alegría llamada Karen, sabor llamado Niki, belleza llamada Chantelle. Mi sentido del tacto me lo agradeció.
Esta noche Yotoco se presenta en una fiesta colombiana en Subrosa. Yo mañana doy clases y de por sí tengo mucho qué hacer. Pero lo más importante en este momento es complacer al tacto. Esta noche seré hedonista y no eudaimoniano. Cultivar la excelencia del alma será para otra noche. Voy p'allá a bailar.
sábado, 22 de abril de 2017
Sakura: Un instante en el Jardín Botánico de Brooklyn
Llovizna sobre el vergel de cerezos en flor. Miro gotas de agua acumularse en los pétalos translúcidos de una flor blanca, bella hija del Prunus Serrulata Ariake. A contraluz las gotas límpidas me parecen lágrimas de un alma que ha querido amar con pureza.
martes, 18 de abril de 2017
Orquídeas en mi jardín y Sakura en Brooklyn
Es hora de continuar mi vida peripatética. En Chepe pude desayunar en Manos en la Masa con Moy y Jahel, bronceaditas y recién llegadas de la playa; tomar café con JuanPa, su esposa Katia y la garota mineira y tertuliar a gusto; disfrutar momentos cotidianos con mi familia y recordar momentos y vivencias con abuelita Dorita; tomar café con mi prima Paulita, su esposo bogotano y mi abuela Luz; acompañarla a ella a hacer algunas vueltas; en fin, hacer vida josefina.
Escuché también al yigüirro del barrio cantar de madrugada. Siempre empieza a cantar pasaditas las 4 am. A veces me encuentró despierto y me arrulló con su canción de cuna; a veces me despertó y me anunció un bello día.
Al irme me quedo sin ver florecer los lirios que despuntan en mi jardín: los sembró mi papá, jardinero fiel. Tampoco veré las flores de la orquídea que ya brotan. ¡Cómo me gustan esas chicas tan atractivas por ser tan raras!
Doy gracias a la Vida, sin embargo, porque en Brooklyn me aguardan los cerezos en flor.
Escuché también al yigüirro del barrio cantar de madrugada. Siempre empieza a cantar pasaditas las 4 am. A veces me encuentró despierto y me arrulló con su canción de cuna; a veces me despertó y me anunció un bello día.
Al irme me quedo sin ver florecer los lirios que despuntan en mi jardín: los sembró mi papá, jardinero fiel. Tampoco veré las flores de la orquídea que ya brotan. ¡Cómo me gustan esas chicas tan atractivas por ser tan raras!
Doy gracias a la Vida, sin embargo, porque en Brooklyn me aguardan los cerezos en flor.
(Orquídea: Hojas y flores despuntando)
lunes, 17 de abril de 2017
Montañas de Dota: Caminata impresionista
Última mañana en San Gerardo de Dota. Xinia y yo decidimos hacer la caminata por el sendero la Reinita del Trogón Lodge, más corto que el Candelita. Cruzamos el puente sobre el Savegre y nos internamos en la montaña de bosque nuboso. Escuchamos, olemos, vemos, tocamos, sentimos:
Un jilguero solitario carinegro: flauta metálica en tres notas agudas. Truchitas en una poza pequeña. Fulgores dorados en fondo de piedras pardas. Claroscuros verdes del dosel al sotobosque. Heliconias rojas, líquenes, musgos, hongos. Destello aurinegro: jilguero aliblanco. Canta y sus amigos responden. Dulce canto, menos agudo que el solitario carinegro. Mariposas celestes en las flores fucsia del achiotillo silvestre. Mariposas bermejas "borbolotean" a ras del agua. Llegamos a la catarata. Larga pausa para que su rumor nos arrulle. Poza de agua en tonos verdeazulados e intensos fulgores dorados. Truchas: parecen hojitas pardas atrapadas en el remolino del fondo, pero surgen a la superficie y su costado pecoso y rojizo y su dorso verdeazulado resplandecen. Juegan a nadar contracorriente en la poza, como aguardando el tiempo de remontar la catarata en dos terrazas de dos metros cada una. Continuamos la caminata. Ascenso vigoroso por la ladera de la empinadísima montaña. En la cumbre, latidos de tambor en el pecho. Xinia: --Me traías como trompada de loco, como abuelito Hernán--. Me río. Susurro de hojas en el dosel de los gigantes del bosque y rumor del río al pie de la ladera. Resuena en el cañón. "Creo que nos metimos al sendero largo, la Candelita", pienso. --Xinia, creo que nos perdimos--, digo. Ella: --¿Nos perdimos? ¡Usted nos perdió!--. Tiene razón. --Diay, ahora caminemos rápido porque ya es tarde--. Es cierto. Hay que socar la línea. Continuamos, allegro brioso. Pajarito gordiflón, dorso oliváceo, abdomen, pecho y cara grises, ojos y pico negros, vuela de rama en rama frente a nosotros y nos guía por el sendero. "Un mirlo, ¿pero cuál?" [¿Catharus mexicanus?] Ardilla peliroja escarbando hojas secas: nos huye. Rumor del río. Claro del bosque. Ribera. Puente. Jardines floridos. Adiós montaña.
Un jilguero solitario carinegro: flauta metálica en tres notas agudas. Truchitas en una poza pequeña. Fulgores dorados en fondo de piedras pardas. Claroscuros verdes del dosel al sotobosque. Heliconias rojas, líquenes, musgos, hongos. Destello aurinegro: jilguero aliblanco. Canta y sus amigos responden. Dulce canto, menos agudo que el solitario carinegro. Mariposas celestes en las flores fucsia del achiotillo silvestre. Mariposas bermejas "borbolotean" a ras del agua. Llegamos a la catarata. Larga pausa para que su rumor nos arrulle. Poza de agua en tonos verdeazulados e intensos fulgores dorados. Truchas: parecen hojitas pardas atrapadas en el remolino del fondo, pero surgen a la superficie y su costado pecoso y rojizo y su dorso verdeazulado resplandecen. Juegan a nadar contracorriente en la poza, como aguardando el tiempo de remontar la catarata en dos terrazas de dos metros cada una. Continuamos la caminata. Ascenso vigoroso por la ladera de la empinadísima montaña. En la cumbre, latidos de tambor en el pecho. Xinia: --Me traías como trompada de loco, como abuelito Hernán--. Me río. Susurro de hojas en el dosel de los gigantes del bosque y rumor del río al pie de la ladera. Resuena en el cañón. "Creo que nos metimos al sendero largo, la Candelita", pienso. --Xinia, creo que nos perdimos--, digo. Ella: --¿Nos perdimos? ¡Usted nos perdió!--. Tiene razón. --Diay, ahora caminemos rápido porque ya es tarde--. Es cierto. Hay que socar la línea. Continuamos, allegro brioso. Pajarito gordiflón, dorso oliváceo, abdomen, pecho y cara grises, ojos y pico negros, vuela de rama en rama frente a nosotros y nos guía por el sendero. "Un mirlo, ¿pero cuál?" [¿Catharus mexicanus?] Ardilla peliroja escarbando hojas secas: nos huye. Rumor del río. Claro del bosque. Ribera. Puente. Jardines floridos. Adiós montaña.
Foto: Xinia Campos
El Amazonas y el Savegre: Posdata
Quizá el meollo del asunto sobre las metáforas del encuentro de las aguas que forman el Amazonas y el Savegre respectivamente sea este:
Cuando confluyen para formar el Amazonas, el río Solimões arrastra muchísimo sedimento barroso mientras que el Negro lleva consigo toneladas de materia orgánica en descomposición. El embate es fuerte, la confluencia difícil. El chocolate y el ónice líquido crean un contraste hermoso pero la convergencia es complicada y turbia.
Cuando los dos riachuelos se encuentran en las montañas de San Gerardo de Dota para ensanchar y agrandar el Savegre, ambos traen aguas puras y cristalinas. No hay aguas turbias. Su confluencia es sencilla y transparente.
Ambas son convergencias posibles. Pero la primera es mucho más difícil, complicada y riesgosa que la segunda. Confluyen dos corrientes turbias, entonces la confluencia es turbia. Confluyen dos corrientes transparentes, entonces la confluencia es transparente.
Cuando confluyen para formar el Amazonas, el río Solimões arrastra muchísimo sedimento barroso mientras que el Negro lleva consigo toneladas de materia orgánica en descomposición. El embate es fuerte, la confluencia difícil. El chocolate y el ónice líquido crean un contraste hermoso pero la convergencia es complicada y turbia.
Cuando los dos riachuelos se encuentran en las montañas de San Gerardo de Dota para ensanchar y agrandar el Savegre, ambos traen aguas puras y cristalinas. No hay aguas turbias. Su confluencia es sencilla y transparente.
Ambas son convergencias posibles. Pero la primera es mucho más difícil, complicada y riesgosa que la segunda. Confluyen dos corrientes turbias, entonces la confluencia es turbia. Confluyen dos corrientes transparentes, entonces la confluencia es transparente.
(Foto: Xinia Campos)
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