jueves, 10 de noviembre de 2016

Buscar la paz del Lago Prospect


A media tarde leo, junto a mi ventana, las primeras páginas de la novela The Awakening de Kate Chopin. Me llega un mensaje de M desde Costa Rica. Desde que su hija emigró a Canadá y falleció Lucía, su madre, he estado preocupado por ella. Me cuenta que ha pasado por otras vicisitudes emocionales y nuevas despedidas dolorosas. Dice que va pasito a pasito y sabe que estará bien. Espera que tantas despedidas sean señal de nuevos encuentros por venir. En una de ellas, perdió pareja y amigo en un rompimiento. Ese dolor lo entiendo. Me conmueve el mensaje. Le respondo de inmediato, aunque lo único que le puedo decir a mi "hermana" chilena es que la quiero mucho. Quisiera hacer más. Por el momento, puedo escuchar y querer.


Regreso a la lectura con un sentimiento de empatía clavado como espinita en el pecho. En eso me llega un mensaje de Marisol desde Lisboa. Me pide fotos de los árboles coloridos por el otoño en Prospect Park. Me envía unas fotos suyas con Sofía, su muchachita alfacinha, desde el Museu de Arte, Arquitetura e Tecnologia (MAAT). En una de ellas sonríen juntas en el mirador del techo y al fondo se observa el río Tajo. Fueron el domingo y me cuenta que me recordaron allí. Sofía dijo que me gustaría el MAAT y que soy una "criancinha simpática". Me halaga que piense que soy un chiquito simpático y que Marisol me escriba con cariño.
 

Ambos mensajes me inspiran a cerrar la novela por el momento y caminar hasta el lago de Prospect Park. Avanza la tarde y cae el sol. En las copas de los árboles alrededor del lago predomina el verdeamarillo. Pero en lo alto de la colina reinan altísimos robles de follaje escarlata. Algunas bandadas de patos nadan en círculos. Otra bandada vuela sobre el lago, hace piruetas y acuatiza en sincronía. Como otras veces, me parece que los patos juegan. Saco algunas fotos para Marisol. Luego guardo silencio, observo, escucho, siento y respiro. Recuerdo que en esta orilla de lago lloré cuando me despedí de la chica celeste y oriental. También lloré a una guapa amazónica. Pero todo eso ha pasado y hoy siento paz y gozo. Pienso en M y le envío las mejores vibras. Pienso en mis dos queridas alfacinhas venezolanas y se me alegra el corazón. Doy gracias.

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